Moscú. Mi Plaza Roja.

No sufráis, efectivamente sobrevivimos, con nota incluso, al tren nocturno de San Petersburgo a Moscú. La experiencia ha sido increíble y la recomendaría a todo el mundo como algo que hay que vivir. Os dejo alguna foto para que os hagáis una mínima idea.

Pues ya en Moscú nuestra primera cita ineludible es con la famosísima Plaza Roja que, a pesar de lo que pudiera parecer, no se llama así por los ladrillos rojos con los que está construida sino por la evolución de la palabra Krasnaya que en ruso antiguo significaba «bonita» pero que finalmente se emplea para el adjetivo «rojo».

Podría estar días hablando de esta plaza, tanto por lo que contiene como por su historia, pero voy a intentar concentrar lo más importante para no aburrir. El primer vistazo a la Plaza Roja es impresionante, con la silueta de la Catedral de San Basilio como muestra de su personalidad y es que esta plaza y su catedral no son comparables con ninguna otra cosa en el mundo, por el contraste perfecto de sus cúpulas de varios colores, todas en forma de bulbo, tan características del estilo bizantino. Desde cualquier ángulo de la plaza y a cualquier hora, la vista de San Basilio es un deleite.

Además de San Basilio, en la Plaza Roja se encuentra, justo enfrente de la catedral, el Museo de Historia que es una maravilla de edificio y que también imbuye de autenticidad la plaza por su originalidad.

A la izquierda de San Basilio, la Plaza Roja linda con la muralla del complejo del Kremlin, donde se encuentra la sede gubernamental y, aunque de él os hablaré más tarde, si me gustaría enseñaros la fachada que se puede ver desde la Plaza Roja, que también es fantástica.

Justo debajo de la muralla del Kremlin, en mitad de la plaza, se encuentra el Mausoleo de Lenin y, aunque no hemos podido verlo porque estaba tapado con motivo de las celebraciones por el 9 de mayo (fecha de fin de la Gran Guerra Patriótica, esto es, la II Guerra Mundial para el resto), os contaré un par de cosas que nos han parecido curiosas.

El cuerpo de Lenin se mantiene allí como homenaje pero también como aliento al pueblo. La entrada es gratuita, por lo que puede pasar todo el mundo que tenga el tiempo suficiente para esperar las enormes colas que suele haber. Está allí durante 10 meses al año y, durante los otros dos, se dedican a hacer el tratamiento y las reparaciones oportunas al cadáver. Por último, cada 3 meses le cambian el traje. Una pena no haber podido verlo.

Seguimos que aún queda Plaza Roja para rato. En frente del Mausoleo, encontramos el centro comercial Gum, con algunas de las mejores firmas internacionales de moda y cosmética, donde lo típico es comerse un helado mientras paseas por sus tiendas. El centro comercial no es nuestro lugar pero lo cierto es que el edificio es magnífico y confiere a la Plaza Roja cierto aire suntuoso. Moscú es un lugar de constrastes, ya lo iréis descubriendo.

Por último, entre el Museo de Historia y el Gum, encontramos la Catedral de Kazan. Es un lugar mágico y uno de esos momentos que me gusta coleccionar de los viajes. La iglesia (la llaman catedral, si, pero no os imagineis un edificio de grandes dimensiones porque es todo lo contrario) es bonita fuera pero su interior es acogedor y sobrecogedor a partes iguales. Hemos entrado mientras los clérigos estaban en plena liturgia, con esa gente entregada a las imágenes, los cánticos, y los rayos de luz del sol entrando por los ventanucos. Como os decía, pura magia.

La calle que linda con la Catedral de Kazan y el Gum es Nikolskaya, una belleza de calle peatonal con cafés y tiendas en la que, desde diciembre, han colocado unas lucecitas con motivos vegetales y mariposas que lo transforma en un lugar con un encanto especial. He decidido que es mi lugar en Moscú 🙂

Os dejo reposar mi visión personal de la Plaza Roja. Un descansito y vuelta a la carga para visitar el Kremlin juntos.

San Petersburgo

Si, aquí empieza una nueva aventura y esta vez con compañero de viaje y anfitriona de lujo. Nos vamos a Rusia y visitaremos dos de las principales ciudades del vasto territorio ruso, tan lleno de historia y una cultura tan peculiar que promete ser un viaje que no nos dejará indiferentes.

Arrancamos en San Petersburgo, la que llaman la Venecia del norte. A la llegada a la ciudad, nos recibe una ciudad palaciega de avenidas anchas y canales cuyos edificios muestran las secuelas del tiempo y la polución mezclando sus colores pastel con un gris triste que poco a poco termina enamorándote. Dejando atrás la anécdota de que nuestro taxista nos ha dejado tirados porque se lo ha llevado detenido la policía, «Peter», como la conocen cariñosamente sus habitantes, nos da la bienvenida de la mejor manera posible y es que muchas de sus calles principales están cortadas al tráfico y nos podemos permitir el lujo de caminar por ellas preocupándonos sólo de admirar nuestro alrededor.

Nos alojamos muy cerca del Hermitage en el B&B Volna, muy acogedor y altamente recomendable tanto por la ubicación como por el precio y la amabilidad de su regente Natalia.

Salimos a dejarnos impresionar por la ciudad en un paseo por el Campo de Marte, donde se encuentra la fosa común donde están enterados más de 200 combatientes de la revolución rusa de 1917.

Continuamos camino hacia la impresionante iglesia de Cristo Salvador de la Sangre, de estilo bizantino, que deleita la vista con su mezcla de colores, aunque tuvimos la mala suerte de encontrar su torre en reparación.

Después de un tentempié y un recorrido por los canales del centro de la ciudad, nos acercamos a la calle Nevsky Prospekt, que es una de las arterias principales del centro de la ciudad, donde se encuentra la Catedral de Kazan, muy peculiar por su forma de medio círculo que hace pensar en cualquier otro tipo de edificio.

El pronóstico del tiempo para el día siguiente, de lluvia, nos hace acudir antes de lo previsto a la principal atracción de Peter: la Plaza del Palacio.

Según giramos la calle y alcanzamos a ver la plaza, la vista es espectacular y, a medida que nos vamos acercando y tenemos una visión completa del Palacio de Invierno, el espectáculo es indescriptible sólo con palabras.

El Palacio de Invierno es la antigua residencia de los zares y que, gracias al interés que éstos mostraron siempre por las obras de arte siguiendo el camino iniciado por Catalina la Grande, a partir de la Primera Guerra Mundial, se convirtió en el museo del Hermitage.

Por la otra cara, el edificio linda con el río Neva dejando una vista para no olvidar que dejamos para el atardecer. La luz se vuelve preciosa pero el frío empieza a ser muy incómodo y hace que el paseo sea más corto de lo deseado.

Continuamos la visita con la Catedral de San Isaac, una magnífica obra arquitectónica con una cúpula visible desde varios puntos de la ciudad.

De camino a cenar una sopa borsch y un strogonof que nos temple el cuerpo, nos encontramos con un desfile militar con más tanques de los que había visto en toda mi vida. En cuestión de 10 minutos, los tanques toman la Plaza del Palacio y los soldados se colocan en formación rodeando la plaza de tal forma que no podíamos entrar ni salir de la plaza. Parece que esta vez la aventura va a estar repleta de anécdotas.

Un poco de descanso y el día siguiente, como ya auguraban las predicciones, amanece diluviando y con una bajada de las temperaturas que sólo nos deja la opción de visitar el Hermitage por dentro. La colección alberga más de 3 millones de piezas desde antigüedades hasta modernas y ocupa 6 edificios, aunque lo más espectacular me ha parecido visitar el Palacio de Invierno que aún conserva ese espíritu palaciego y majestuoso e incluso algunos muebles de la época para hacerse a la idea del estilo de vida ostentoso de los zares.

Y a punto de subirnos al tren nocturno en el que pasaremos la noche, así abandonamos a Peter y nos dirigimos a Moscú. Y Peter me ha parecido algo menos impresionante de lo que me esperaba pero reconozco que es una cuidad con encanto y me siento agradecida de haber podido contemplar el Palacio de cerca porque es una de esas imágenes que me gustaría guardar conmigo para siempre, si sobrevivo a esta noche. Os dejo con la intriga hasta entonces!
Пока Peter!! 😃

#peleacomounamujer

Porque todas, en mayor o menor medida, hemos sentido en propia piel el machismo. Ese que menosprecia, que humilla, que mata y que convierte el mundo en un lugar peor.

Por todas aquellas que lucharon con vientos menos favorables, por no decir completamente desfavorables, para conseguir muchos de los derechos de los que gozamos hoy en día, arriesgando incluso su vida para lograr dar pasos hacia una sociedad más igualitaria.

Por la generación de nuestras madres y abuelas, que se vieron abocadas a arrinconar su desarrollo personal y profesional para ser madres y esposas porque ese era el papel que les correspondía. Esas mujeres que, años después, se han subido al carro de la pelea y han aprendido a leer y escribir, a ser más independientes, a ponerse primero contra todo lo que les habían enseñado desde pequeñas, dándonos una lección de vida a todas las demás.

Por nuestra actualidad, donde tenemos que seguir hablando de brecha salarial, de no tener acceso a puestos de mando, de ámbitos y profesiones donde las mujeres no somos bienvenidas, de represión sexual, de trabajar dentro y fuera de casa, de tener que elegir entre ser madres o ser profesionales, de que no es no, de ser valoradas por el tamaño de nuestro culo y no de nuestro talento, de vestir santos y de solteronas… Por mencionar solo algunas cosas que todos sin excepción hemos oído.

Y también por la generación que vendrá, por allanarles el camino a esas ranitas que hoy por hoy no pueden entender de lo que hablamos pero que, si no hacemos que las cosas cambien, acabarán por descubrirlo por si mismas.

No olvidemos que vivimos en una burbuja de un país occidental desarrollado y que, probablemente, como es mi caso, nuestro entorno sea un oasis de pretendida igualdad. No ocurre así en todos los lugares ni en todos los entornos y la fuerza solo la consigue la unión.

Y haciendo alusión a la unión, esto también va con vosotros. Sin vosotros apoyándonos no podemos conseguirlo, sois nuestros aliados en esta batalla y todos encontraréis muy cerca a una mujer por la que merece la pena plantar cara ante las desigualdades a las que tenemos que enfrentarnos.

Hoy hemos dado un paso más, con la primera huelga legal feminista en España, pero seguimos en la batalla con la corona en su sitio, la cabeza bien alta y el deseo de que algún día podamos dejar de conmemorar el 8 de marzo porque sencillamente ya no tenga sentido.

Hasta entonces, feliz día de la mujer trabajadora.

Bienvenidos al paraíso. Krabi.

Y después de los días de locura, patear ciudades e imbuirnos de la cultura budista, toca algo de descanso con otro de los grandes atractivos de Tailandia: las playas.

Partimos rumbo a Krabi y el viaje, con escala en Bangkok, nos ocupa casi todo el día. Cuando llegamos a Krabi es ya de noche y decidimos salir a explorar la vida nocturna de la ciudad. La noche se alarga en el área turística de Ao Nang, lugar de encuentro para turistas de todas las nacionalidades dispuestos a pasarlo bien. A nuestro alrededor, los espectáculos de fuego inundan el ambiente de olor a combustible y los lady boys, tan comunes en Tailandia, intentan cazar algún turista interesado en sus encantos.

A la mañana siguiente tenemos contratada una excursión con Thalassa Tour que nos llevará por las famosas Four Islands y la playa de Railay, una de las míticas de esta zona.

El tour arranca en Ao Nang, que es un lugar también con mucho encanto y lleno de sitios para tomar algo tanto de día como de noche y donde se pueden tomar los barcos long tail para ir de excursión por tu propia cuenta.

Nuestro barco hace su primera parada en Ko Poda, una isla increíble con playas de arena blanca y aguas cristalinas llena de vegetación. Hacemos una parada allí para nuestro primer baño en aguas tailandesas que, después del calor que hemos pasado en Bangkok y Chiang Mai, se nos antoja de lo más apetecible.

Hacemos un picnic en la playa a base de platos tradicionales thai, esta vez todo muy rico y con unas vistas espectaculares.

Continuamos en nuestro barco hacia la isla que está en frente, Ko Tup, que tiene un banco de arena que permite pasar de un lado a otro de la isla a través del agua y una zona de rocas que nos ha deleitado.

Tras visitar estas dos islas nos vamos a hacer snorkel en el arrecife de coral cerca de Chicken Island. Fue algo increíble observar todo tipo de peces multicolor, peces espada, algunos mimetizados con las rocas… Ha merecido la pena, incluso a pesar de que me pinchó un erizo y me tuvieron que dar un ungüento tailandés para que la púa saliera. Sobreviví sin problemas.

Observamos Chicken Island desde el barco y rápido descubriréis, igual que nosotras, porque la isla tiene ese nombre.

Seguimos nuestra travesía para visitar Phra Nang, que forma parte del área de Railay Beach. Es una de las playas más bonitas de Krabi y su nombre se debe a una cueva que hay en ella dedicada a una diosa de la fertilidad que lleva el mismo nombre. Una leyenda dice que una princesa india murió en un naufragio y que su fantasma ocupó la cueva y se consagró a proteger la fertilidad. Su forma de adorar a este diosa es un tanto peculiar: una colección de tallas fálicas.

En Phra Nang vemos el magnífico atardecer. No sé si las imágenes que hemos hecho son capaces de captar en todo su esplendor, ya que fue tan bonito que consiguió emocionarme.

Terminamos el tour haciendo snorkel nocturno para ver el plancton bioluminiscente, que es algo decepcionante porque pensábamos que iba a iluminarse mucho pero son sólo pequeños destellos. El guía nos indicó que sólo se veía si movíamos manos y pies enérgicamente y pareciamos patos en el agua para que el plancton refulgiera e intentar así ver algo. Aún así, ha sido bonito y la experiencia de bañarse en alta mar de noche es algo único.

De vuelta a la costa el motor de nuestro barco se ha estropeado y por poco nos tienen que remolcar para llegar a nuestro destino pero al final alcanzamos Ao Nang con mucho retraso pero por nuestro propio camino.

La noche es joven en Krabi y salimos por la zona turística a dar una vuelta.

Mañana nuestro viaje se termina y abandonamos Tailandia para volver a casa con las energías muy cargadas (casi tanto como nuestra maleta), con un montón de recuerdos y momentos y también con un trocito de este increíble país y su gente en nuestro corazón para siempre.

Me vais a permitir que hoy la entrada del blog sea dedicada a mi compañera de viaje que, con sus risas y ocurrencias, ha hecho aún más inolvidable este viaje. Va por ti, Clauchi! ☺️

El símbolo de Tailandia. Chiang Mai.

Nuestro segundo día en Chiang Mai amanecemos muy temprano con la ilusión de poder compartir nuestro día con el animal símbolo de Tailandia: el grandioso elefante asiático.

Iniciamos la marcha rumbo al Elephant Nature Park, aproximadamente a una hora en coche desde la ciudad, que es un santuario para elefantes que han sido maltratados o sometidos a una vida que no deberían llevar. Al llegar allí, nos reciben aleteando sus orejas en señal de alegría. Hemos podido disfrutar de darles de comer, verlos pasear y bañarse en el agua y en el barro e incluso nos han permitido acercarnos a hacerles unas caricias.

No puedo describir la emoción que he sentido al estar cerca de un animal de esas dimensiones. Aún me siento más incapaz de transmitir la profunda tristeza que he sentido al conocer sus historias y todo por lo que han tenido que pasar estos animales. Desde el maltrato más cruel a trabajar hasta la extenuación, pasando por utilizarlos como entretenimiento para turistas en las ciudades, en un hábitat muy poco saludable para ellos. Sus enormes cuerpos muestran las señales de esa vida tan poco adecuada para un animal nacido para andar libre por la selva. Viendo sus maltrechos cuerpos, que en algunos casos nunca se recuperarán y por tanto tendrán que vivir en cautividad el resto de su vida, me reafirmo en que el ser humano se merece la extinción.

Nos despedimos de nuestros colosales amigos llenas de barro pero con la satisfacción de haber contribuido mínimamente a que estos grandullones tengan una vida un poco mejor.

Dedicamos la tarde a subir al Doi Suthep, un monte en el noroeste de Chiang Mai que tiene en su cima un templo que es sencillamente espectacular. Además, llegamos allí al atardecer y mientras que los monjes budistas entonan su canto casi mágico.

Y con este regalo nos despide Chiang Mai en nuestro último día completo aquí.

Además, hemos hecho un amigo que nos ha estado trayendo al hotel a ritmo de reggeaton en su tuc-tuc mientras hemos estado aquí, en su afán por cuidar de nosotras. Y es que si hay algo más que su cultura y sus vistas, lo que nos ha enamorado de Tailandia son sus gentes. Son gente muy amable y atenta que, incluso a pesar de la barrera idiomática (porque su inglés es digno de estudio), no escatiman en dedicarte sonrisas por doquier.

Mañana aprovecharemos para ver alguna cosa que se nos ha quedado por el camino y partimos de nuevo rumbo a Krabi con la paz que nos ha dejado esta ciudad en el alma.

Chiang Mai

Y dejamos Bangkok para marchar al norte de Tailandia, a la región de Chiang Mai y, más en concreto, a la ciudad que lleva el mismo nombre. Chiang Mai ofrece la mezcla perfecta de naturaleza, cultura y aventura, pero nosotras estamos interesadas en algo más de este área: los animales.

Nada más aterrizar nos vamos en una especie de autobús turístico rojo que solo hemos visto en esta ciudad al parque Tiger Kingdom. Es una reserva de tigres en cautividad, que han nacido allí, cuyo objetivo es luchar contra la extinción absoluta del tigre. En Tailandia apenas quedan tigres en libertad y, gracias a este tipo de iniciativas, se consigue que no desaparezca un animal que es todo belleza. Sé que hay muchas críticas al respecto pero nosotras, ambas amantes de los animales, sí hemos estado allí y os puedo decir que los animales no están drogados y mucho menos maltratados. Con una alimentación a base de leche y pollo y las enseñanzas de sus cuidadores desde que son bebés han conseguido que no vean al ser humano como comida sino como otro ser con el que convivir.

La experiencia ha sido más que buena y la sensación de poder estar cerca de un tigre es tan increíble que se lo recomendaría a cualquier persona que visite esta zona.

Nos permitimos un lujo americano en nuestra primera noche en Chiang Mai yendo al Hard Rock, del que por cierto soy muy fan, y un poco de descanso para iniciar la siguiente jornada que nos espera.

Chiang Mai es una ciudad especialmente cultural y en ella se concentran más de 300 templos. Es imposible verlos todos pero, en este primer día completo, nos hemos propuesto llegar al máximo posible. Los templos en Chiang Mai tienen un papel muy relevante ya que la mayoría de ellos siguen en activo y puedes encontrar fácilmente a algún monje mientras lo visitas. Son sitios en los que predomina siempre la paz y el silencio y, para quienes no hayáis tenido oportunidad de visitar uno, a modo de curiosidad, os diré que siempre hay que entrar en ellos descalzo y con los hombros y las piernas cubiertas, así que nos hemos pasado el día quitándonos los zapatos y tapándonos el resto del cuerpo. Os dejo unas imágenes de algunos de los que más nos han gustado.

Además de encontrar templos en cada esquina, hay tres grandes templos que son el símbolo de esta ciudad y que nos han cautivado con su encanto, cada uno en su estilo:

Wat Chiang Man, característico por su mezcla de ruinas y grandes decorados más modernos.

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Wat Phra Singh, característico por sus dorados. De hecho, en él los elefantes también son dorados y eso le confiere cierto aire ostentoso.

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Wat Chedi Luang, en mi opinión el más espectacular y además situado en un complejo enorme donde están las ruinas del templo del mismo nombre que existió en la antigüedad. Puede que mi percepción se haya visto sesgada porque hemos llegado a este templo al atardecer y ya sabéis de mi predilección por los atardeceres…

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Además de visitar templos, también nos hemos permitido el capricho (de nuevo) de darnos un masaje tailandés de cuerpo entero. Esta vez hemos elegido un sitio que nos ha permitido conectar el bienestar del alma con el del cuerpo, tan importante en la cultura budista; es un centro en el que trabajan las ex presidiarias de la cárcel de mujeres, aquellas que no tienen delitos graves en su haber, y lo que cuesta el masaje va destinado a la reinserción social de estas mujeres. (Atención en la imagen, que no es de las mejores, pero podéis apreciar el caos del cableado de la ciudad y que muestra perfectamente lo caótico de Tailandia).

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Y la luz va apagándose en Chiang Mai dejando paso a la prostitución, los mercados nocturnos y a la algarabía. Esta ciudad sigue siendo tan contraste como Bangkok pero es más cultural, menos atestada de gente, más limpia y sobre todo tiene un encanto especial que hace que te quedes prendado con mucha facilidad.

No puedo despedirme del día de hoy sin enseñaros mi atardecer en Chiang Mai y que es una muestra perfecta de lo que me hace sentir esta ciudad: paz, colorido, naturaleza y templos, ¡muchos templos!

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Tuk-tuk way of life

Un nuevo día amanece en Bangkok y esta vez parece que la niebla ha despejado y el sol ilumina la ciudad.

Iniciamos la jornada de hoy con el Wat Saket o Monte Dorado, un templo alejado de la concentración del Grand Palace, y que ofrece, tras 323 escaleras, vistas de todo Bangkok en un día claro como hoy. La subida al templo es un placer pues el esfuerzo no es tanto como pueda parecer y además amenizan el camino un sinfín de fuentes, campanas, naturaleza y figuras de animales.

También aprovechamos el camino para hacer una ofrenda a buda. No somos muy fans de estas cosas pero la cultura budista siempre parece estar en consonancia con su entorno y sus tradiciones tienen un halo de belleza que hace que te resulte imposible no participar de ello.

Después de bajar del monte, damos un pequeño paseo por la zona y nos aborda un tailandes enamorado de España y del fútbol que nos ofrece llevarnos en tuc-tuc hasta nuestro próximo destino. Finalmente, no sabemos muy bien cómo, acaba proponiendonos una ruta de 4 o 5 paradas por el precio irrisorio de poco más de un euro. Entre suspicacia y asombro aceptamos. Nos lleva atravesando Bangkok desde el Happy Buda hasta el Marble Temple, pasando por fábricas de tratamiento de piedras preciosas, tiendas de trajes a medida y boutiques de cashmere, todo fuera de la ruta que teníamos pensada pero nos ha encantado porque hemos conocido un Bangkok más real y menos turístico.

Mención especial merece el Wat Intgarawihan o Big Buda, donde está la estatua dorada de Buda de pie con 32 metros. Nos imaginamos que se trata de una nueva zona de concentración de templos y damos un paseo para verlos, todo parece mucho menos ostentoso de lo que hemos visto hasta ahora pero el lugar transmite calma. Vemos un pequeño habitáculo de madera donde hay que descalzarse para entrar (como en todos los templos) y, muy decididas, entramos. El lugar resulta ser una capilla ardiente de un monje que yace detrás de un cristal y el complejo una suerte de cementerio budista lleno de urnas en las paredes de las que no nos habíamos percatado hasta el momento. Todo alrededor está imbuido de tintes funerarios y ni siquiera lo habíamos percibido hasta que hemos visto el cuerpo del monje. Eso sí, no hay imágenes que mostrar porque me ha parecido irrespetuoso, por un lado, y porque el Big Buda estaba en obras, por otro.

También cabe destacar de nuestra ruta en tuc-tuc deluxe el Wat Benchamabophit o Marble Temple, que se erige como un remanso de paz entre el caos de esta zona de Bangkok, con todo su perímetro rodeado de campanas que suenan con el aire entonando una melodía casi mágica.

Y de la paz volvemos de nuevo al caos en su máximo exponente en Khao San Road, la famosisima calle de la ciudad donde lo mismo puedes cenar que salir, comprar comida que pantalones, hacerte las uñas o un masaje, comer bichos… Y todo ello a cualquier hora del día o la noche.

Y aquí termina nuestra visita a Bangkok, mañana partimos hacia Chiang Mai y promete.

Me voy de Bangkok con la sensación de no haber llegado a conocerla por sus miles de caras, todas tan dispares entre sí, y aunque ahora la premura del viaje y el cansancio no me permiten apreciarlo, tengo la sensación de que esta ciudad me ha enseñado mucho y que me llevo un trocito de ella conmigo.

ลาก่อน!

Bangkok. La ciudad del caos

Me embarco en nueva aventura tras meses de muchos preparativos y mucha ilusión depositada en ella. Por primera vez, pues ya sabéis que no hay victoria sin riesgo, me voy a un país asiático y de cultura budista. ¿Destino? Tailandia.

Nuestra primera parada en el viaje es Bangkok. Aterrizamos tras 20 horas de viaje entre vuelos, escalas y esperas, además del jet lag por las 6 horas de diferencia horaria con España. Es ya de noche cuando llegamos por fin a dejar nuestras maletas en el hotel, salimos a dar una vuelta de toma de contacto con la ciudad y resulta bastante desalentador: el calor pegajoso, nuestro cansancio acumulado, que hemos elegido por desconocimiento un barrio de perversión para alojarnos y estamos hambrientas pero la street food de la que tanto nos han hablado es de todo menos apetecible…Un poco de descanso y emprendemos ruta al día siguiente dispuestas a encontrar a Bangkok ese lado encantador que seguro tiene.

No se hace mucho esperar ya que, nada más emprender ruta a la mañana siguiente, decidimos coger el transporte por excelencia en Tailandia: el tuc-tuc. Una experiencia inolvidable ese primer viaje en tuc-tuc y un rato de risas que tampoco podremos olvidar fácilmente.

Llegamos al complejo del Grand Palace y la vista es apabullante con la concentración de templos budistas que hay en esta zona. Dar una vuelta por este complejo es un deleite de dorados, cristales, decorados… que invitan a la espiritualidad incluso para personas tan poco espirituales como nosotras.

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Seguimos hacia el recinto próximo, hacia el Wat Pho, donde se encuentra el buda recostado más grande del mundo. Además, en Wat Pho también está la Escuela Tailandesa de Masaje y Medicina Tradicional, donde por supuesto hemos podido disfrutar de un masaje tailandés y, por si todo esto fuera poco, está rodeado de gatos 🙂

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Después de esto, hemos cogido un barco de colores típico en Bangkok que, botando sobre las olas del río Chao Phraya, nos ha llevado hasta el floating market. Es un lugar con un encanto increíble lleno de puestos, fundamentalmente de comida, muchos de ellos en barcas sobre el río. El paseo ha sido increíble y por fin hemos conseguido probar comida en la calle, que por cierto estaba deliciosa.

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Después de visitar el mercado, cogemos nuestro barco de vuelta que nos llevará hasta Wat Arun o el Templo del Amanecer. Es de los templos más espectaculares de Bangkok y está en la orilla contraria al Grand Palace. Al llegar nos ha recibido una lluvia casi torrencial que ha hecho nuestra visita más fresca.

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Justo al lado del Wat Arun, hay otro templo que hemos descubierto por pura casualidad. Está dedicado al estudio de los monjes budistas y ha sido la experiencia más increíble durante el día de hoy. En este área reina el silencio más absoluto, roto solo por el cantar de los pájaros, y los monjes se dedican a trasladar las enseñanzas budistas al resto de la población, con rituales que nos han dejado completamente absortas. Nos ha parecido increíble lo inclusiva y llana que es la religión budista, si la comparamos con otro tipo de religiones tan jerárquicas y clasistas como el Cristianismo. El rato en este templo es mi momento preferido de este día en Bangkok y uno de esos que me llevaré aunque pase el tiempo.

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Ya atardeciendo decidimos ir a cenar a Chinatown. Es una zona increíble, reflejo perfecto del caos que impera en toda la ciudad, llena de luces, puestos en la calle, tráfico y gentío, llevado a la máxima potencia debido a que están con las celebraciones correspondientes a nuevo año chino, para conmemorar esta vez el año del perro. Impresiona porque es muy diferente la cultura thai con respecto a la nuestra, pero seguimos creyendo que la street food no va a ser por lo que recordemos Bangkok y comemos algo para sobrevivir que nos permita terminar nuestra jornada con el estómago lleno.

 

Y con todas nuestras aventuras del día de hoy, nos retiramos a descansar y recuperar energías para seguir mañana. La impresión inicial de Bangkok se ha convertido en una especie de amistad con alguien peculiar que hay ratos que no aguantas pero que en realidad te crea curiosidad y, en cierta forma, te engancha.

Mañana seguimos aquí y os invito a seguir nuestras aventuras de cerca pero por hoy solo tengo que añadir «Kao kun, Bangkok».

Bon voyage 2017

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Último atardecer del 2017 y siento unas ganas enormes de hacer un pequeño homenaje a este año que, para mí, ha sido el año de los atardeceres. 365 días dan para mucho y no todo ha sido bueno pero ¡buenas noticias, amigos! Sobrevivimos, quizá con alguna cicatriz más, algún mal recuerdo o alguna decepción pero aquí seguimos, y más fuertes, más sabios y con esta paz interna que inunda todo alrededor de buenas sensaciones. No voy a darle mucha más cabida a lo malo, he pasado lista y están todos los que tienen que estar (y los que quieren hacerlo) y me quedo con la tranquilidad de que todo lo que he hecho ha sido siendo fiel a mí misma y todo lo que he dado ha sido de corazón.

Y con respecto a lo bueno, que ha habido mucho, me lo he guardado en los bolsillos para cambiar de año con todo ello muy cerca. Cada viaje, cada conversación, cada rato de risas con quienes elijo día a día por ser así y por estar ahí para mí siempre que los necesito, y también cuando no.

Ha sido el año de ver atardecer en Burgos con mi alma gemela, también el de los atardeceres en Menorca con esa amiga que es más que eso y que lleva siendo así toda una vida, del atardecer en Málaga a pie del mar con los que me aguantan a diario, atardeceres de sesión de fotos en Santa Pola con mi duende, atardeceres en el río al lado de casa mientras perdía el aliento pedaleando, atardeceres en mi salón con esas estrellitas peludas que iluminan todos mis días. También ha atardecido mientras veía la sonrisa de mi ranita sin perder detalle de cómo ha ido cambiando según pasaban los meses, atardeceres desde casa de los papás todos los domingos, dando gracias por poder seguir disfrutándolos, atardeceres de excursión, de comilonas con vosotras que duran hasta la madrugada mientras ponemos parches a las heridas que nos hace la vida y nos reímos hasta la extenuación, atardeceres desde la Chocita con ella y su fortaleza…Tampoco me quiero olvidar de los atardeceres del cielo de mi Madrid, desde la oficina, sorprendiéndome cada día con colores y formas nuevas, de un atardecer en concreto en el Templo de Debod en un reencuentro de «los de siempre», años después, para darnos cuenta de que el lazo que nos une está ahí impertérrito e inamovible y por supuesto los atardeceres de mi Italia, que aún me aceleran el corazón por lo bellos y porque ese viaje ha significado mucho para mí.

Y aquí termina este 2017 lleno de atardeceres y en el que la vida me dio otra oportunidad para seguir disfrutando de ellos el año que viene. Arranca 2018 con la promesa de nuevas aventuras y mi compromiso de seguir coleccionando buenos momentos con los que seguir llenando los bolsillos. Bienvenido 2018, Feliz Año para todos.

Y con la cabeza bien alta que sino la corona…:-)

Ancha es Castilla.

Aunque ya estoy urdiendo la próxima aventura, una pequeña escapada siempre es bienvenida y esta vez no he tenido que ir muy lejos de casa. Adoro España por muchas cosas, pero una de las más relevantes es por su pluralidad y su historia, que ofrecen como resultado pequeños rincones como los que he visitado este fin de semana: Ávila y Salamanca.

Arrancamos el día con un viaje en autobús atravesando esos campos agrestes de Castilla que me hacen sentir en casa. Nuestra primera parada es Ávila.

Nos recibe su impresionante muralla, perfectamente conservada, que nos recuerda que esta ciudad fue, aún situada en un llano, una fortificación que servía de barrera frente Al-Andalus. Nos dirigimos en primer lugar a la Basílica de San Vicente, una joya románica de tono rojizo que es la mejor bienvenida que la ciudad nos puede ofrecer.

Seguimos camino hacia la Catedral de Ávila, cuyo ábside forma parte de la muralla y que es conocido por los abulenses con el nombre de Cimorro. Callejeamos por la ciudad, imbuyéndonos de ese espíritu medieval que emana, para llegar a la Plaza Mayor y contemplar su estilo austero.

Como todos sabréis, Ávila es conocida por tres cosas fundamentalmente, además de su muralla: el chuletón, que no tuve ocasión de degustar esta vez, las yemas, que merecen una mención aparte, y Santa Teresa, de la que os contaré algunas curiosidades.

Las yemas de Ávila son una delicia dulce hecha de azúcar, limón y yema de huevo. En Ávila son típicas pero nuestro guía nos llevó a la pastelería más típica a probarlas, la pastelería Iselma. Pero no solo de yemas vive Ávila y es un lugar perfecto para la gastronomía, algunos de sus escaparates nos dan pistas de lo bien que se come allí.

Con respecto a Santa Teresa, me apetece dedicarle un pequeño homenaje en este blog por su papel en la lucha por las libertades y derechos de las mujeres. Fue una mujer muy religiosa que fundó la orden carmelita y letrada, tanto que sus escritos la llevaron a ser una de las cumbres de la poesía mística española. Pero me quiero centrar en el lado rebelde que la llevó a ser una figura tan importante en una época en la que las mujeres no podían estudiar ni ocupar cargos de importancia. Nacida en Ávila pero adelantada a su tiempo, tuvo que abandonar su tierra natal ya que los convencionalismos sociales eran demasiado severos en una ciudad tan pequeña como ésta. Santa Teresa, cansada de intentar luchar contra un gigante, se marchó y la leyenda cuenta que arrojó sus sandalias desde el Mentidero de las Cuatro Postes al abandonar la ciudad. Hoy podemos ver un pequeño monumento con sus sandalias en el lugar donde fueron arrojadas, a la salida de Ávila.

Continuamos camino hacia Salamanca, una ciudad que cuenta con dos catedrales nos ofrece, como mínimo, la promesa de un par de bellezas pero supera las expectativas con creces ya que Salamanca tiene mucho más que ofrecernos. Empezamos la visita por la catedral nueva, de estilo gótico, cuya fachada es espectacular. En plaza Anaya podemos observar la belleza de otra de sus puertas y detenernos en buscar el famoso astronauta escondido en su ornamento.

 

La catedral vieja, de estilo románico, no tiene nada que envidiar a la nueva y su fachada es igual de bella aunque en un estilo menos ornamentado. Su torre, que sufrió las consecuencias del terremoto de Lisboa en el siglo XVIII quedando inclinada tras el desastre, es la tercera más alta de España.

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No puede faltar en una visita a Salamanca ver la fachada de la Universidad (donde también tenemos que detenernos a buscar la archiconocida rana) así como sus escuelas mayores y menores. No en vano, Salamanca sigue siendo una ciudad universitaria y alberga más de 15.000 estudiantes al año.

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Continuamos nuestra ruta con la iglesia de San Marcos, desde su azotea se pueden ver algunas de las vistas más bonitas de la ciudad con ambas catedrales adornándola. Junto a San Marcos, encontramos la famosa Casa de las Conchas, casa de una familia de la nobleza cortesana salmantina en el siglo XIV cuyo símbolo era una concha (se cuentan más de 300 en el edificio).

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Nos encaminamos a visitar uno de los lugares más famosos en Salamanca: la Plaza Mayor, muy similar a la de Madrid aunque, en mi opinión, mucho más elegante. En su arcada, entre arco y arco, se pueden ver medallones conmemorativos a personajes célebres (tan dispares como Cervantes y Churchill) y a miembros de la realeza. Espectacular a la vez que distendida para tomar tranquilamente un café en una de sus terrazas.

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Después de probar algunas de las viandas que Salamanca nos ofrece, entre las cuales están por supuesto los ibéricos y el queso, dedicamos la tarde a rememorar obras de la literatura española clásica.

En primer lugar, visitamos el jardín de Calixto y Melibea, cuyo amorío inspiró a Fernando de Rojas para escribir La Celestina. En segundo lugar, nos dirigimos al río Tormes, lugar de nacimiento del burlesco Lazarillo de Tormes, donde de hecho veréis una escultura que homenajea al personaje. Desde el puente romano, que pertenecía a la Ruta de la Plata, podemos contemplar la preciosa vista de las catedrales como colofón a este día fantástico.

Y el día toca a su fin, vuelta a Madrid y un merecido descanso. Gracias por recordarme que Castilla, en toda su inmensidad, siempre estará en mi corazón.

Además, tuvimos un guía de excepción que además de contar mucho mejor que yo todas las curiosidades de ambas ciudades, nos amenizó el día con su salero. Marcos, va por ti!