Monteverde y el Bosque Nuboso

Nos desanimamos un poco nada más amanecer este día porque la lluvia, la niebla y las nubes seguían sobre La Fortuna. Aún así, dimos un paseo para dar un rato a ver si despejaba y podíamos visitar el volcán Arenal pero finalmente no fue así y mi despedida de él es esta foto que es lo máximo que llegó a verse en las últimas horas. Será mi espinita de este viaje.

Cogemos camino hacia Monteverde rodeando el volcán y el lago Arenal que habíamos visitado el día anterior, con esas carreteras que sabéis que me encantan llenas de curvas, rodeadas de naturaleza y que ofrecen vistas increíbles en cada recodo. En cambio, la lluvia nos acompaña y eso resulta algo más incómodo. Se transforma en imposible cuando, a mitad de camino, abandonamos la carretera por la que veníamos para coger otra sin asfaltar y encima en subida. Vamos a Monteverde y su nombre obedece a que en este país no se complican demasiado con los nombres, de hecho todas las calles y carreteras no tienen nombres sino que le asignan un número cardinal. Pues bien, Monteverde se llama así porque es una zona en la que confluyen varios montes y que es muy verde, por lo que la última hora y media de camino la empleamos en recorrer unos 30 kilómetros muy despacio, saltando por los baches, con el limpiaparabrisas funcionando a todo trapo, encontrando animales por la carretera e incluso algún rato de neblina que dificultaba la visión. Y todo verde alrededor.

Contra todo pronostico, llegamos a salvo al Parque Natural Selvatura ubicado en medio del bosque nuboso, un ecosistema que se caracteriza por la humedad introducida por las nubes y que se mantiene debido a que está rodeado de montañas, está plagado de densa vegetación que alcanza una elevada altura puesto que la vegetación compite entre sí para ir buscando la luz. No me enrollo más, tenéis que verlo.

Y no, finalmente no nos atrevimos a hacer la tirolina porque el trayecto nos había pasado factura y estábamos agotadas, sumado a que, con el temporal que nos acompañaba, no era lo más recomendable. Pero nadie nos puede negar que lo disfrutamos de igual manera haciendo una ruta de 3 kilómetros en la que pasamos por 8 puentes colgantes que nos permitían observar la magnificencia de este lugar.

Después de la caminata, estábamos agotadas y nuestro plan era volver a Monteverde para encontrar nuestro alojamiento y descansar. Pero los viajes son así, un continuo cambio de planes según donde te va llevando la aventura y, esta vez, nos llevó a cruzarnos con un encantador lugareño que nos propuso una caminata nocturna por el bosque nuboso para observar animales. En Costa Rica en agosto anochece a las 6 de la tarde pero nuestro night walk no empezaba hasta las 8 así que tuvimos tiempo de descansar un rato y equiparnos con sudaderas para acudir a la cita. Con más miedo que vergüenza, nos plantamos en Kinkajou Tours, una agencia especializada en caminatas nocturnas de Monteverde, y, linterna en mano, empezamos a andar. La sensación de caminar de noche por este lugar buscando animales, muchos de ellos venenosos o depredadores, es una inyección de adrenalina. No puedo enseñaros mucho porque no vengo tan preparada, tecnológicamente hablando, para hacer fotos nocturnas en condiciones pero si os puedo contar que, en las 2 horas que anduvimos por la selva, vimos armadillos, ranas de vidrio, una lora de pestañas (un tipo de víbora) y algunos más que ni había oído ni recuerdo su nombre porque, os lo reconozco, iba más pendiente de no caerme ni recibir alguna picadura indeseable. Me hacía especial ilusión ver un tucán, típico en Costa Rica y uno de los animales que más me gustan, y la noche estrellada que dejó paso la lluvia me regaló la vista de uno de pico verde y tuve que contenerme para no gritar de la emoción. No hay foto pero os puedo asegurar que es uno de los animales más hermosos que he visto. Y por último, mención especial para la tarántula que se asomó a saludarnos desde su escondite bajo una rama e incluso pude hacerle una foto para enseñaros.

Ahora si, podemos dar por terminada nuestra jornada y también la aventura por la naturaleza. Y mañana, no podía faltar en este viaje, nos vamos al mar Pacífico. Al fin, el mar.

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