Los paisajes de Eslovenia

No me equivocaba tanto, ni yo ni la predicción del tiempo. Y efectivamente después de planear este viaje para conquistar los Balcanes llego a Eslovenia y ella me ha conquistado a mí. No había cruzado aún la frontera y ya vislumbraba los paisajes de montes verdes que me han acompañado durante todo el día. Y claro, unos paisajes así solo son posibles con un nivel alto de precipitaciones así que la lluvia también me ha acompañado durante todo el día, lo cual resulta siempre algo más incómodo pero ha merecido la pena igualmente.

En primer lugar me dirijo a Bled, en el norte, para visitar el lago que, dicen, es la joya de Eslovenia. No se equivocan. He rodeado el lago maravillada, primero con el coche y, una vez conseguida la tarea nada fácil de aparcar, a pie. Sólo pensaba estar un rato para hacer el check pero me hubiera quedado todo el día allí contemplandolo y, si hubiera hecho un día soleado, no me habría sacado nadie de allí. Hay rutas en barco para visitar el islote, alquiler de bicis, lugares para tomar el sol, bares y restaurantes.

Como siempre os digo, intento hacerlo lo mejor posible con las fotos pero os aseguro que no hacen justicia a la belleza de este lugar.

Antes de que la tormenta se desatara, he podido hacer una ruta andando de unos 8 km y después, como recompensa, tomar un trozo de tarta de crema, que después he sabido que es típica de Eslovenia, con un café a pie del lago.

El ambiente alrededor del lago cuando he llegado era muy animado con gente tomando el sol, practicando algún deporte o bebiendo algo en alguna terraza. Ha cambiado de forma radical en cuanto ha empezado a llover y, gracias a que todo el mundo ha corrido a refugiarse de la lluvia, yo he podido disfrutar de un último paseo en paz a solas con mi lago. Las sensaciones han sido increíbles y ya están a buen recaudo en mi mochila, esas me las llevo.

Y seguimos camino para alcanzar a mediodía Liubliana, la capital de Eslovenia. Aquí la lluvia no me ha dado ni un respiro así que he disfrutado algo menos la ciudad por ello pero Liubliana es un lugar con mucho encanto atravesada por el río Liublianica que le da un aire señorial a una ciudad de edificios pastel y calles peatonales anchas en todo su casco histórico.

Mi ruta por la cuidad empieza en la plaza Presernov, muy bonita y particular gracias a la pincelada colorista que pone el tono rojo de la Iglesia de la Asunción.

Paseando por las calles de Liubliana he conseguido dar con el Barrio Mételkova. Este histórico barrio eran los barracones del ejército austrohúngaro y, posteriormente, del yugoslavo. El movimiento cultural para la paz, que nació en 1991, ocupó este lugar y con la colaboración de artistas han transformado el lugar en un área de interés, no sólo para turistas pues asociaciones LGTB, ONGs y artistas tienen allí su sede.

De vuelta hacia el centro he ido hasta el funicular, pasando por el Puente de los Dragones, que sube hasta el Castillo de Liubliana. Un funicular muy moderno de cristal permite contemplar las vistas mientras asciende.

La visita al castillo sorprende pues está decorado muy moderno por dentro siendo un edificio del siglo XII. Alberga exposiciones de fotografía y una sobre la historia de los dragones, que es uno de los símbolos de Liubliana (de hecho, por toda la ciudad se pueden encontrar tiendas en las que venden dragones de peluche, de madera o cerámica). Y las vistas desde la torre permiten observar toda la ciudad, aunque en mi opinión desmerece un poco con la lluvia.

Las últimas horas de la tarde las he apurado paseando por las calles del centro y dándome cuenta que se trata de una ciudad con un encanto increíble. Todas las calles derrochan encanto y alegría partes iguales, es una ciudad amable que me ha encantado pasear y que, si el cansancio y el tiempo me lo hubieran permitido, no me hartaría nunca de hacerlo.

También he tenido ocasión de probar las salchichas eslovenas, que me han sorprendido gratamente, y una sopa típica de aquí con verduras y pasta hecha de garbanzos, una mezcla peculiar que ha cumplido su propósito de templar me el cuerpo. Me he ganado un descanso y mañana seguimos en Eslovenia con más paisajes y más aventuras, también me temo que con más lluvia.

De nuevo no me equivocaba y la siguiente jornada en Eslovenia ha estado pasada por agua aunque la excursión ha merecido la pena. Empieza el día con la visita a las Cuevas de Postojna, tras la correspondiente cola para sacar las entradas (se pueden sacar por Internet, no hagáis como yo). La cueva que vamos a visitar es una de las más grandes del mundo, una galería de cuevas natural con 24 kilómetros de recorrido y unos 200 metros de profundidad que ponen de manifiesto la grandiosidad de la naturaleza que es capaz de crear, gracias a las filtraciones de la lluvia por el suelo, algo tan increíble. En el interior hay un tren que nos lleva hasta las profundidades de la cueva para empezar la visita por unas pasarelas que facilitan su exploración, aunque a ratos las pasarelas se encrespan y consiguen hacerme entrar en calor, algo de agradecer teniendo en cuenta que la temperatura dentro de la cueva baja unos 10 grados con respecto al exterior.

Me ha parecido increíble observar las formaciones de estalactitas, estalagmitas, columnas, cortinas y galerías. La visita dura aproximadamente hora y media que se ha pasado en un suspiro mientras me fascinaba con estas vistas.

La falta de luz dentro de la cueva no me ha permitido hacer muchas más fotos pero realmente creo que, en esta ocasión, es algo que difícilmente puedo trasladaros, hay que vivirlo!!

Y como amante de los animales no puedo dejar de hablar de que en la cueva habitan varias especies que fuera de ella no tienen lugar. Una de ellas es el símbolo de esta cueva de Postojna. Lo llaman human fish y, como resumen, os diré que se trata de un anfibio capaz de respirar fuera del agua, que parece una lombriz pero con dos patitas delanteras, color carne (de ahí su nombre), que no tiene ojos y puede sobrevivir hasta 12 años sin comer nada. Y si, es bastante feillo pero es una especie más que seguro hace su función en el ciclo de la vida y sin cuevas como ésta, este tipo de especies no podrían sobrevivir.

Por si hubieran sido pocas las aventuras en Eslovenia, aún me queda una más: el Castillo de Predjama, único en Europa construido en una cueva. Data del siglo XVI y tiene un enclave idílico que le garantizaba máxima seguridad.

Se pueden visitar todas las estancias, e incluso hacen una reconstrucción de la vida cotidiana de la época, y también el interior de la cueva. Las vistas desde dentro del castillo, como podéis imaginar, son una maravilla (y verdes hasta donde alcanza la vista).

Y estos fantásticos paisajes y la lluvia me han acompañado hasta que he abandonado Eslovenia, no sin tener que superar un mal rato de conducir bajo los rayos y una lluvia intensa, pues aún me quedaban muchos kilómetros para llegar a mi siguiente destino.

No he tenido mucho tiempo de saborearlo pero lo cierto es que me he maravillado con Eslovenia y sus paisajes. Volveré con más tiempo y si puede ser con mejor meteorología porque sin duda este país se ha ganado mi corazón.

Hasta la vista!

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