Copenhague, entre el gris y el color.

Os lo avisé! No había que esperar mucho para verme embarcada en una nueva aventura. Esta vez nos vamos a Escandinavia y, en concreto, a Dinamarca. Aterrizamos anoche en su capital, Copenhague, con mucho frío y de noche profunda (aquí anochece a las 4pm). Salimos a dar una vuelta, cenar algo y disfrutar de la cerveza danesa y nos asombra la vida que tiene esta ciudad llena de luces, gente por todas partes (incluso en las terrazas a 4 grados), bares con música en directo y el parque de atracciones Tivoli, decorado ya de Navidad, que llena todo de alegría y luz. Me duermo emocionada deseando conocer la ciudad de día.

Y aunque la previsión del tiempo nos había prometido sol con frío, sólo ha cumplido la parte del frío y el sol ha brillado por su ausencia. Empezamos temprano para hacer el free walking tour (muy recomendable hacerlo) y recorrer algunas de las principales atracciones de la ciudad.

Empezamos por el palacio de Christianborg, antigua residencia de los monarcas pero actualmente la sede del Parlamento danés y único edificio en el mundo donde confluyen los poderes ejecutivo, legislativo y judicial.

Seguimos por la visita al palacio de Amalienborg, que es la residencia actual de la reina Margarita y el heredero al trono Federico junto a su familia, unos monarcas un tanto peculiares que, según nos han contado, no es raro ver salir a comprar, a correr y que incluso se ven envueltos en tareas artísticas. Tras el palacio, asoma la impresionante cúpula de la Iglesia de Mármol.

Continuamos nuestro día visitando la mundialmente conocida Sirenita, tras hacernos hueco entre el gentío para poder traeros esta vista del monumento dedicado al escritor de cuentos Hans Christian Andersen.

No nos queda mucho tiempo de luz así que nos dirigimos a otro rincón famoso de la ciudad y que, para mí, ha resultado ser uno de los más encantadores: el canal de Nyhavn junto al puerto nuevo, rodeado por casitas de colores y locales con mucho gusto. Es una maravilla pasear por este lugar y me quedo para mi mochila con la alegría que contagia el colorido de esta zona, experimentando así el hygge (estado de felicidad), también muy típico en la cultura de Dinamarca.

Y nuestra última parada en el día de hoy es en Christiania, pasando antes por un street food market con todo el encanto para picar algo. Y Christiania es un barrio autogobernado que se declaró independiente del estado danés, donde conviven unas 1.000 personas en un barrio de 36 hectáreas. Con un espíritu hippie, en este barrio es muy fácil encontrar gente vendiendo drogas y por tanto no es posible hacer fotos así que sólo os puedo enseñar la entrada a este ecléctico lugar que no ha sido lo más interesante del día pero que es algo digno de conocer.

Ya de noche, un paseo por la calle comercial principal llamada Stroget y dar una vuelta por los mercados navideños dejándonos impresionar por la artesanía y la comida danesas.

Hoy la Historia os la cuento al final. Dinamarca es un país increíble que, tras separarse de Suecia a la muerte de Margarita I, perdió relevancia a nivel internacional y se centró tanto en recuperar algo de su antigua posición dominante, cuando era capital de Escandinavia, que esto sólo les trajo desgracias. Finalmente, cambiaron radicalmente su mentalidad y decidieron centrarse en el interior del país y fundar así uno de los estados de bienestar más auténticos de Europa, lo que llevó a Dinamarca a florecer. No sé a vosotros pero a mí se me ocurren similitudes a montones 😊

Y me entretengo un poquito más con la Historia para contaros que Copenhague fue invadida por los nazis en 1940 y que su resistencia duró 2 horas con la intención por parte del gobierno danés de no someter a su población a una matanza incontenible. Tras hacer boicots a los nazis durante 3 años, por la vía pacífica y usando la inteligencia, en 1943 la situación se desborda y los nazis ordenan el arresto de los judíos daneses. Los cristianos daneses acogieron en sus casas a los judíos para evitar su arresto y todo el país salió a la calle para protestar ante esta atrocidad injusta. Contra la fuerza del pueblo danés unido, ni siquiera los nazis pudieron conseguir su objetivo. En paralelo, un profesor danés viajó hasta Suecia para conseguirles un salvoconducto que funcionó en el caso del 95% de los judíos daneses.

Este es el espíritu de Dinamarca que me ha enamorado y que hace que sientas su corazón palpitar cuando paseas por cualquier rincón de esta ciudad. Eso, y ver este increíble atardecer desde el lago que hay en Christiania.

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