Tuk-tuk way of life

Un nuevo día amanece en Bangkok y esta vez parece que la niebla ha despejado y el sol ilumina la ciudad.

Iniciamos la jornada de hoy con el Wat Saket o Monte Dorado, un templo alejado de la concentración del Grand Palace, y que ofrece, tras 323 escaleras, vistas de todo Bangkok en un día claro como hoy. La subida al templo es un placer pues el esfuerzo no es tanto como pueda parecer y además amenizan el camino un sinfín de fuentes, campanas, naturaleza y figuras de animales.

También aprovechamos el camino para hacer una ofrenda a buda. No somos muy fans de estas cosas pero la cultura budista siempre parece estar en consonancia con su entorno y sus tradiciones tienen un halo de belleza que hace que te resulte imposible no participar de ello.

Después de bajar del monte, damos un pequeño paseo por la zona y nos aborda un tailandes enamorado de España y del fútbol que nos ofrece llevarnos en tuc-tuc hasta nuestro próximo destino. Finalmente, no sabemos muy bien cómo, acaba proponiendonos una ruta de 4 o 5 paradas por el precio irrisorio de poco más de un euro. Entre suspicacia y asombro aceptamos. Nos lleva atravesando Bangkok desde el Happy Buda hasta el Marble Temple, pasando por fábricas de tratamiento de piedras preciosas, tiendas de trajes a medida y boutiques de cashmere, todo fuera de la ruta que teníamos pensada pero nos ha encantado porque hemos conocido un Bangkok más real y menos turístico.

Mención especial merece el Wat Intgarawihan o Big Buda, donde está la estatua dorada de Buda de pie con 32 metros. Nos imaginamos que se trata de una nueva zona de concentración de templos y damos un paseo para verlos, todo parece mucho menos ostentoso de lo que hemos visto hasta ahora pero el lugar transmite calma. Vemos un pequeño habitáculo de madera donde hay que descalzarse para entrar (como en todos los templos) y, muy decididas, entramos. El lugar resulta ser una capilla ardiente de un monje que yace detrás de un cristal y el complejo una suerte de cementerio budista lleno de urnas en las paredes de las que no nos habíamos percatado hasta el momento. Todo alrededor está imbuido de tintes funerarios y ni siquiera lo habíamos percibido hasta que hemos visto el cuerpo del monje. Eso sí, no hay imágenes que mostrar porque me ha parecido irrespetuoso, por un lado, y porque el Big Buda estaba en obras, por otro.

También cabe destacar de nuestra ruta en tuc-tuc deluxe el Wat Benchamabophit o Marble Temple, que se erige como un remanso de paz entre el caos de esta zona de Bangkok, con todo su perímetro rodeado de campanas que suenan con el aire entonando una melodía casi mágica.

Y de la paz volvemos de nuevo al caos en su máximo exponente en Khao San Road, la famosisima calle de la ciudad donde lo mismo puedes cenar que salir, comprar comida que pantalones, hacerte las uñas o un masaje, comer bichos… Y todo ello a cualquier hora del día o la noche.

Y aquí termina nuestra visita a Bangkok, mañana partimos hacia Chiang Mai y promete.

Me voy de Bangkok con la sensación de no haber llegado a conocerla por sus miles de caras, todas tan dispares entre sí, y aunque ahora la premura del viaje y el cansancio no me permiten apreciarlo, tengo la sensación de que esta ciudad me ha enseñado mucho y que me llevo un trocito de ella conmigo.

ลาก่อน!

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