El encanto de Zagreb

Lo prometido es deuda y, como anunciaba hace unos días, hoy comienza una nueva aventura. Me voy de ruta por el área de los Balcanes y, como buen águila, volando sola.

Hoy mismo he aterrizado en Zagreb, la capital de Croacia, y aunque las previsiones del tiempo no eran muy halagüeñas, ha hecho un día de sol y calor de justicia.

Nada más aterrizar, recojo el coche que será mi fiel compañero en esta ruta y llego a la ciudad de Zagreb. Mi apartamento está muy cerca del centro así que me he puesto a andar sin rumbo hacia donde asomaban dos torres que parecían marcar el camino a la catedral. Estaba en lo cierto y a penas dos minutos después, la Catedral de Zagreb se presenta ante mis ojos. El edificio es una maravilla y la plaza en la que se encuentra, despejada y clara, hace que el lugar resulte encantador. El interior de la catedral es algo lúgubre pero, gracias a ello, el colorido de los ventanales del ábside resalta alegre entre la oscuridad.

Sigo camino buscando el Mercado Dolac, que cierra a mediodía, y a pocos pasos de la catedral me llaman la atención los toldos rojos llenando toda una plaza. Es un mercado fundamentalmente de comida así que no he comprado nada pero siempre me gusta mezclarme entre la gente del lugar y ver qué productos típicos ofrece el lugar donde estoy.

Tras un paseo entre los tenderetes, me marcho en busca de la Plaza Ban Josip Jelacic, que es la plaza principal del centro histórico de Zagreb. Josip Jelacic, a modo de curiosidad, fue un general del imperio austrohúngaro que ostentó varios títulos nobiliarios en Croacia y que consiguió abolir la esclavitud en el país, por lo que se le considera un héroe nacional.

Continúo caminando sin rumbo, con una pequeña parada para comprar una banasta de frambuesas que venden en plena calle, perdiendome por las calles de Zagreb e inicio una subida, con los 36 grados y la humedad, para llegar hasta la Iglesia de San Marcos, una belleza de edificio de gótico tardío cuya característica más reseñable es el tejado decorado con azulejos formando el escudo de Zagreb y del reino de Croacia.

En un intento de volver hacia la zona baja de la cuidad y sentarme en alguna terraza a beber algo fresco, llama mi atención una música y, cuando me acerco a descubrir de qué se trata, Zagreb me regala las vistas de la ciudad desde un mirador escondido. Siempre lo digo, la suerte del turista 🙂

Por si la vista fuera poco, en el mirador está la terraza Ljetno kino, donde te puedes sentar a tomar un refresco a la sombra mientras proyectan películas antiguas. Una pena no saber croata aunque aún así ha sido un rato muy agradable y un descanso del calor.

A escasos metros se encuentra la Torre Lotrscak, que servía en la Edad Media para proteger la zona alta de la ciudad.

Para subir hasta ella, si no queréis cuestas como las que he subido yo, podéis tomar el funicular. Yo lo he cogido de bajada, me apasionan los transportes peculiares y éste no me lo iba a perder. El trayecto a penas dura unos minutos y el billete son 50 kunas (unos 60 céntimos).

Sólo me queda un check por hoy y es el Túnel Gric, que debe su nombre al barrio en el que se encuentra. El túnel fue construido en la IIGM como almacén de armas y paso subterráneo del este al oeste de la ciudad. Volvió a coger relevancia durante la guerra de los Balcanes y a día de hoy es un reclamo turístico que incluso ofrece en ocasiones exposiciones sobre Zagreb. Me ha parecido increíble un lugar así en medio del encanto de esta ciudad y me ha sorprendido gratamente lo fresquito que se está dentro y que cuenta con baño y fuentes de agua potable en su interior.

Y termino la tarde tomando un café en una terraza en una de las calles del centro y es que, si hay algo que destacar de Zagreb además de todo lo que ya os he contado, son sus calles. Todas por las que he pasado hoy me han parecido especiales, con ese encanto añejo que desprenden las ciudades con solera. Os dejo algunas de mis vistas favoritas para que os deleites.

Mañana emprendemos camino a Eslovenia, no puedo prometer nada porque será mi primera vez pero intuyo que Bled y Liubliana serán dos lugares que me voy a llevar en la mochila, igual que Zagreb que ya se viene conmigo para siempre.

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