La joya de la costa dálmata: Dubrovnik

Llego a la última parada de mi ruta por los Balcanes, a la que llaman la joya de la costa dálmata, Desembarco del Rey, Ragusa o, simplemente, Dubrovnik. En un primer contacto, me desagradan las infinitas escaleras que hay por toda la ciudad y la aglomeración de turistas, por no mencionar el calor, húmedo y asfixiante. Pero decido darle una segunda oportunidad y empiezo a caminar por sus calles, revestidas de mármol, repletas de edificios hermosos y rincones que resultan mágicos. Y vuelve a ocurrir, por última vez en este viaje, que poco a poco me voy quedando prendada de la cuidad.

El centro histórico de Dubrovnik es una ciudad medieval al pie del mar Adriático que se cierra gracias a una magnífica muralla del siglo XII, construida para proteger la ciudad, que se conserva intacta bordeando todo el perímetro del centro histórico.

Y dada la irregularidad del terreno, para construir la ciudad de Dubrovnik al lado del mar, teniendo en cuenta que la separa de Herzegovina un monte, es como si la ciudad en realidad cayera sobre el mar en cascada, siendo necesarias muchísimas escaleras que la convierten en agotadora, aunque también es esto lo que consigue hacerla un lugar tan especial.

La vista desde arriba de cualquiera de sus encrespadas escaleras es un deleite. Una vez bajo, encuentro la calle principal que es Stradun, siempre plagada de gente y donde podemos encontrar desde souvenirs hasta bares, restaurantes, agencias que ofrecen tours…y edificios preciosos que siempre carecen de balcones.

Muy cerca de Stradun podemos ver algunas de las maravillas que tiene esta cuidad como el Palacio del Rector, el Palacio Sponza (que los locales me han dicho que lo pronuncio muy croata jaja) y la catedral.

A mediodía, después de recorrer a pie las calles de la cuidad maravillándome con cada rincón, me he aventurado a subir a su muralla para recorrerla y poder observar desde la altura la belleza de sus tejados rojos barrocos, mandatorio del gobierno local que no permite construir en otro color para no estropear la homogeneidad. A pesar de que el sol caía implacable a esa hora, he disfrutado mucho el paseo y las vistas.

Exhausta del paseo, me siento a comer en una terraza mirando al Adriático, mi aventura está próxima al final y tengo que aprovechar al máximo las vistas del mar para llevármelas conmigo. Alcanzo el puerto nuevo a media tarde para empezar mi tour de Juego de Tronos. La aventura comienza surcando el mar desde el puerto nuevo al puerto viejo en el barco de Daenerys al ritmo de la banda sonora de la serie, no me avergüenza reconocer que soy una auténtica friki y estoy emocionadísima.

Llegamos al puerto y empieza el tour caminando por la cuidad para recorrer cada una de las escenas que han sido rodadas en Dubrovnik. No puedo dejar de compartir mi emoción al revivir el paseo de la vergüenza de Cercei, la batalla de AguasNegras, algún escenario de Qarth, las escaleras del Septo de Baelor…y como colofón puedo hacerme una foto en el Trono de Hierro.

Un poquito de descanso y disfrutar el ambiente de la noche en Dubrovnik y ultimamos esta aventura visitando la isla que se encuentra enfrente de Dubrovnik, la isla de Lokrum, una reserva natural llena de pinos y donde podemos ver pavos reales a montones que se mezclan con los turistas sin ningún reparo. Ojo que, según una antigua leyenda en Dubrovnik, si alguien saca de la isla una sola pluma de pavos reales, la mala suerte le acompañará. Y por supuesto desde la isla también puedo despedirme de él, el mar, mi mar Adriático, que no es casualidad que la última mención que haga en este viaje sea para él.

Y así termina esta aventura, con cierta tristeza pero también con ganas de retomar mi vida y ver a los míos que no se han perdido ni una sola batalla de mi #balcansroute. Si el año pasado mi aventura en solitario fue gratificante, este año me he superado a mí misma, a veces llevándome al límite, pero con orgullo puedo decir que lo conseguí. Los contratiempos y momentos difíciles poco a poco se convertirán en anécdotas que contar entre risas. Yo prefiero quedarme con el encanto de Zagreb, con los paisajes de ensueño de Eslovenia, con las calles de Liubliana, el azul turquesa de los Lagos de Plitvice, del río Neretva y del Adriático, con los atardeceres de Zadar, las vistas increíbles de mi Split, los contrastes de Bosnia y la magia de Dubrovnik. Me quedo con las lecciones de espeleología en Postojna, las de geología en las islas de la costa, las de historia en Sarajevo y las de leyendas en Dubrovnik. Y me quedo con toda la gente amable que me he encontrado, que me ha hecho mucho más fácil la aventura y me ha dado algunas de las mejores lecciones que me llevo de este viaje. Y vuelvo a casa feliz, sabiendo que todo eso viene conmigo en la mochila y que se quedará ahí, para siempre.

Los contrastes de Bosnia

Dejo Croacia y su costa por un rato para hacer una pequeña escapada a Bosnia-Herzegovina.

En primer lugar me dirijo hacia el turístico Mostar, muy cerca de la frontera con Croacia. La mala suerte es que la carretera principal está en obras y he tenido que desviarme para ir por los pueblos de Bosnia, toda una experiencia. Cuando llego a Mostar, me reciben nada menos que 44 grados pero aún así emprendo camino hacia el Stari Most, el puente que da nombre a la ciudad. El puente fue bombardeado por los croatas durante la Guerra de los Balcanes (9 de noviembre de 1993) y se convirtió en uno de los símbolos del conflicto ya que el puente había sido quien unificaba la cultura de los católicos del oeste con los musulmanes del este de la ciudad.

Cuando llegó la paz, además de juzgar como un crimen de guerra más la destrucción de este emblemático puente, la Unesco inició su reconstrucción y el nuevo puente fue inaugurado en 2004.

Alrededor del puente hay un sinfín de puestos, tiendas, cafés, bares, sisherías…donde poder encontrar curiosidades, tanto con un aire árabe como con un espíritu bizantino, en función del lado del río en el que te encuentres. Me ha parecido especialmente interesante está piedra y su mensaje.

Me dirijo también a la Mezquita Karadjoz-Bey, que es la única que se puede visitar e incluso subir al minarete desde donde, 99 escalones después, se observan las vistas de toda la ciudad y se hace aun más evidente el encuentro de culturas (al otro lado del Neretva, torres de iglesias católicas, en el lado donde estoy subida al minarete, mezquitas).

Un último paseo por el bazar de Mostar para comprar algún recuerdo y seguimos camino.

De Mostar a Sarajevo voy por una de las carreteras más bonitas que os podáis imaginar, cuando ya creía que había llegado a verlo todo en este viaje, en lo que a carreteras bonitas se refiere. Un paisaje increíble entre las montañas de los Alpes Dinariques siguiendo el río Neretva con sus aguas turquesas y cristalinas.

Y llego a Sarajevo a primera hora de la tarde y la primera impresión es de una ciudad especial, arropada por montes, en la que aparentemente todo es normal. He empezado a caminar y, a cada paso, descubría el encanto de Sarajevo. Una ciudad que en el oeste es musulmana, influencia del dominio ejercido por el imperio otomano del siglo XV al siglo XIX, mientras que el este es occidental, influencia del imperio austrohúngaro que ostentó el dominio de Sarajevo hasta el fin de la IGM.

En el barrio otomano, desde mi punto de vista el más encantador, hay una gran concentración de mezquitas que decoran con sus minaretes el cielo de Sarajevo, además podemos encontrar un hamam turco y el gran bazar en el que encontrar curiosidades y ver a los artesanos del cobre trabajando. Al atardecer, podemos asistir a la llamada a la oración.

En el barrio austrohúngaro, en cambio, encuentro calles amplias y comerciales con edificios pastel que recuerdan al Madrid de los Austrias. Aunque también cuenta con bellezas como la Catedral de Sarajevo.

Pruebo el burek, tradicional pastel relleno de carne, y puedo darme por satisfecha en esta primera toma de contacto con la ciudad.

A la mañana siguente, tengo un tour llamado La caída de Yugoslavia, a cargo de Meet Bosnia (os lo recomiendo si visitáis la cuidad), que me lleva por los lugares símbolo de la Guerra de los Balcanes.

El fin de la IGM da lugar a la creación del estado de Yugoslavia que aúna a eslovenos, croatas, serbios y bosnios, cuatro países con diferentes ideosincrasias que no tardan en generar tensiones. En 1992 las tensiones llegan a su punto álgido y, cuando Bosnia declara su independencia tras un referéndum entre su población, todo estalla por los aires. El ejército serbio, mucho más preparado que el bosnio puesto que la mayor parte de los soldados del antiguo ejército yugoslavo eran serbios, consigue avanzar en Bosnia y apostarse en los montes que rodean Sarajevo, iniciándose así el mayor asedio a una ciudad de la Historia, llevado a cabo desde lugares como éste en el Monte Trebevic.

1425 días de asedio a una ciudad de civiles que, para más escarnio, habían aprendido a vivir durante siglos en pacífica convivencia entre cristianos, ortodoxos, judíos y musulmanes. Bombardeos y tiroteos fueron el día a día de esta ciudad durante todos los días del asedio, causando graves daños en la infraestructura de la ciudad y más de 11.000 muertes de civiles. He podido visitar los cementerios de guerra (donde también conviven tumbas de todas las religiones) y escuchar algunas historias que han conseguido encogerme el corazón.

En la mayor parte de los edificios aún se conservan los impactos de balas y, aunque la mayoría de ellos han sido reconstruidos gracias a la ayuda de otros países (uno de los que más ayudó fue el gobierno español, lo cual me ha hecho sentir muy orgullosa), otros aún se conservan devastados.

Por toda la ciudad encuentro las rosas de Sarajevo, marcas en el suelo que simbolizan los lugares donde impactaron bombas llevándose la vida de varias personas, daba igual de qué ideología.

También hemos visitado el túnel Spasa (llamado también túnel de la esperanza), que fue construido durante la guerra en secreto como única vía para conectar la ciudad con el resto del mundo sin tener que atravesar la barrera serbia. Durante meses, el túnel sirvió para abastecer la ciudad y para que algunos civiles pudieran escapar del asedio.

Y así termina mi visita a Sarajevo, con una enorme tristeza en el corazón y el deseo de que su historia sirva de aprendizaje para que algo así no vuelva a repetirse jamás. Gracias a su fortaleza, Sarajevo ha sabido reponerse y hoy en día es una ciudad europea, con gran ambiente en sus calles y con unas vistas increíbles desde cualquiera de los montes que la rodean que no me permiten olvidar, ya que en todas las colinas hay cementerios de guerra, pero si llevarme un recuerdo amable de una cuidad que poco a poco me ha ido conquistando.

Y abandono Bosnia encantada de haber podido conocer un poco este país y sus contrastes culturales. De vuelta a Croacia, me voy a Desembarco del Rey o, lo que es lo mismo, Dubrovnik. Aviso a navegantes: seré muy pesada con Juego de Tronos 🙂

Las islas de la costa dálmata de Croacia

Y como ya os anticipaba ayer, hoy me he ido a la conquista del Adriático y sus islas en una lancha a motor, que ha resultado ser toda una experiencia.

El tour ha empezado muy pronto por la mañana para llegar lo antes posible, después de hora y media de camino en la lancha, a la isla de Bisevo, donde se encuentra la Gruta Azul. Las olas del mar han erosionado la piedra volcánica de la que están compuestas las islas creando una cueva con muy poco acceso al exterior salvo por un agujero por debajo del nivel del mar que permite el paso de la luz natural dejando así este espectáculo natural.

Mis miedos eran fundados pues el espacio en la cueva es justo, de hecho hay que ir en un bote pequeño y también agachar la cabeza para poder entrar. Pero ni que decir tiene que me alegro de haber podido ver esta maravilla.

Todas las islas de este área están repletas de cuevas impresionantes que dejan unos paisajes agrestes y hermosos a pie del mar color azul celeste.

Y tras una ruta por las cuevas nos dirigimos a la isla de Vis y su particular centro histórico, Komisca, que es un antiquísimo pueblito de pescadores.

Tras visitar la isla de Vis, llega el momento del primer baño en el Adriático y para ello nos dirigimos a la isla de Budikovac, donde las aguas son especialmente transparentes (lo cual es una suerte para poder esquivar los erizos) con una playa de arena, otra de cantos rodados y una zona de rocas, mi preferida, que es mejor no explorarla si no se llevan escarpines.

Por último, visitamos la isla de Hvar, la más grande de la zona. Es un pueblo precioso con secuelas del paso del imperio romano por ella, como el teatro romano más antiguo del mundo conservado en ella. También he podido darme otro chapuzón para aliviar el calor en ella.

Y de vuelta a tierra firme, de nuevo mi Split, regalándole esta vista de la ciudad según nos acercábamos al puerto. Soy afortunada por poder dar un último paseo por ella al atardecer como despedida.

Y mañana abandono la costa por un rato para meterme de lleno en la Historia, con Bosnia-Herzegovina como protagonista. Allí os espero!

Explorando la costa de #Croacia: Zadar, Trogir y Split

Y después de un par de días de invierno, llego a la costa de Croacia y vuelve el verano.

Mención especial quiero hacer a la carretera que va desde Plitvice a Zadar, mi primer destino en la costa. Una carretera de ensueño rodeada de montes verdes escondidos entre la niebla y plagada de puestecitos de madera donde venden queso y miel. Abandono esta carretera cruzando un túnel enorme que atraviesa uno de los montes dando a parar al otro lado, a unos 1000 metros sobre el nivel del mar. El viento azota los coches que salimos del túnel como si fueran banderas ondeando, por lo que hay que conducir con mucho cuidado pero es una experiencia increíble.

Llego a Zadar al mediodía y mi primera impresión es de ser el típico pueblo costero pero Zadar es mucho más que eso. El casco histórico, amurallado en casi todo su perímetro, y digo casi porque el mar ejerce de muralla natural y justo donde el pueblo linda con el mar la muralla se desvanece, es un pueblo encantador por el que es una maravilla pasear.

El centro del casco histórico aún conserva las ruinas romanas del foro ubicado en él y, sobre éstas, San Donato se erige impertérrito al paso de los siglos (iglesia del siglo IX).

Y además está él, el mar, que rodea este saliente de tierra que es el centro histórico de Zadar y nos deja unos atardeceres increíbles con la banda sonora a cargo del Órgano del mar, una estructura arquitectónica construida para que, según entra la marea, toque notas diferentes cada vez entonando una melodia mágica. Cuando termina de caer la luz, el Saludo al Sol armoniza el paseo encendiendo sus luces al ritmo del Órgano.

Al día siguiente pongo rumbo a Trogir y elijo la ruta más larga para poder ir por la costa pues la mezcla que ofrece Croacia de naturaleza verde, muy verde, junto al azul del mar Adriático, muy azul, me tiene atrapada. El camino es tan alucinante como intuía y además me obsequia con el regalo del mirador Gospa od Puta que se encuentra junto a la carretera.

Y llego a Trogir para sorprenderme con un pueblito medieval pegando al mar que, a golpe de vista, es una auténtica maravilla.

Me adentro en él para perderme por sus callejuelas empedradas llenas de tiendas y bares para dar con la Plaza Juan Pablo II, donde se encuentran la iglesia de San Salvador, el palacio Cipico.

También es digna de destacar la antigua fortaleza que, a día de hoy, no se utiliza salvo para eventos culturales y atracción turística (se puede subir a la torre) pero que perfila el paseo marítimo del centro histórico.

Pero el encanto de Trogir no es visitar monumentos sino caminar por sus callecitas y dejarse enamorar por su ambiente medieval mientras nos acaricia la brisa del mar y olemos a pescado recién hecho. Dicen que es la Venecia sin canales de Croacia, yo no me atrevo a tanto pero bien es cierto que caminando por sus callejuelas me he perdido igual que en Venecia así que algo de credibilidad hay que dar al comentario.

Y finalmente me dirijo a Split, que se ha convertido en la gran sorpresa de mi ruta por los Balcanes y en mi rincón en Croacia. La ciudad, antiguamente conocida como Spalato, es una joya arquitectónica que alberga las ruinas del palacio construido por el emperador romano Diocleciano (siglo II dC) pero perfectamente integradas con las construcciones de otras épocas, por ejemplo la Catedral de San Duje (s VIII y el campanario del s XIII), inmersa dentro de la muralla del antiguo palacio.

De nuevo, no os puedo transmitir con imágenes lo que se siente al pasear por esta maravilla hecha ciudad. He empezado a andar por sus calles y, cuando he querido darme cuenta, llevaba más de 20 minutos con la boca abierta.

Split es una ciudad con mucha historia, de esas que me encantan, pues ha pasado de ser un enclave relevante del imperio romano a estar dominada por los húngaros primero y después por Venecia, salvada de ser invadida por el imperio otomano, bajo dominio de Austria y finalmente se convirtió en el Puerto principal de Yugoslavia y ejerció resistencia a una invasión italiana durante la IIGM pero la llegada de los fascistas a la ciudad dañó parte de la cuidad antigua. Sólo algunas pinceladas para que os envuelva un poco del ambiente que respira este pueblo tan encantador

Cada esquina, cada calle y cada plaza son un deleite, siempre adornadas por los muros del palacio y por el mar, que asoma tímidamente entre las piedras y los arcos.

Completamente enamorada de Split, inicio la subida la monte Marjan. Este monte es el símbolo de la ciudad y me han asegurado que hay unas vistas increíbles de mi ciudad 🙂

Más les vale que sea cierto porque la subida es un horror y llego a la cima del monte exhausta para volver a enamorarme, esta vez del Adriático.

Un poquito más abajo me esperan las vistas de Split al completo, os lo presto por un ratito.

Y termino mi día viendo atardecer desde el parque del antiguo cementerio conmemorativo a los caídos en la IIGM, que está justo encima del puerto para poder ubicar dónde empieza mi aventura de mañana, pues nos vamos a conquistar también el Adriático.

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Una jarra bien fría de cerveza croata mientras veo como la luz termina de abandonar Split dando paso al jolgorio, la música en la calle, las terrazas y las luces. Hoy, además, me he ganado una cena en un rincón fetiche de Split para recrearme con las vistas y recuperar energías.

Os traigo el azul profundo de las aguas de Plitvice.

Una vez dejado atrás Eslovenia, llego a dormir a Plitvice. La predicción del tiempo de nuevo no es muy buena pero aún tengo la ilusión intacta por ver el Parque Nacional de los Lagos de Plitvice.

El día amanece completamente gris, encapotado, con niebla, viento racheado, 9 grados de temperatura y lluvia incesante. Hasta me he llegado a plantear saltarme la visita pero reúno todo el arrojo que soy capaz y me lanzo a la aventura.

Tras una caminata de unos 15 minutos entre arboledas, llego a la parada del shuttle eléctrico que me llevará a la entrada donde empieza la ruta de 4 kilómetros por los lagos que están más bajos. El shuttle deja en la parte más alta y, para visitar los lagos, hay que ir bajando. Llevo andando poco más de medio kilómetro y, de repente, el frío, la lluvia, ir empapada, el barro que acumulan mis zapatillas e incluso el cansancio, todo se queda en un segundo plano y siento que ha merecido la pena.

A medida que voy descendiendo, aún mejora más puesto que empiezo a ver (y escuchar) las cascadas de las que están plagados los lagos.

Y las cascadas llegan a su máximo exponente con la Gran Cascada, impresionante.

La mayor parte del trayecto se hace encima de una pasarela de madera que facilita el camino (y en un día como hoy, además, evita los charcos) y lo más increíble de todo es que esta pasarela también atraviesa el lago, de tal forma que vas andando justo encima del agua. Todo un espectáculo.

Y yo siempre tengo que elegir un sitio favorito en todas partes, ya lo sabéis. Bien, os presento mi lugar favorito en Plitvice.

Ha sido un rato complicado por las circunstancias pero me siento emocionada por haber podido verlo, con el convencimiento de que volveré con mejor tiempo y más tranquila y con la satisfacción de que, a pesar de todo, lo logré!

Nos vamos a la costa de Croacia y con ello parece que vuelve el verano así que mañana mismo me tendréis quejándome del calor 🙂

Los paisajes de Eslovenia

No me equivocaba tanto, ni yo ni la predicción del tiempo. Y efectivamente después de planear este viaje para conquistar los Balcanes llego a Eslovenia y ella me ha conquistado a mí. No había cruzado aún la frontera y ya vislumbraba los paisajes de montes verdes que me han acompañado durante todo el día. Y claro, unos paisajes así solo son posibles con un nivel alto de precipitaciones así que la lluvia también me ha acompañado durante todo el día, lo cual resulta siempre algo más incómodo pero ha merecido la pena igualmente.

En primer lugar me dirijo a Bled, en el norte, para visitar el lago que, dicen, es la joya de Eslovenia. No se equivocan. He rodeado el lago maravillada, primero con el coche y, una vez conseguida la tarea nada fácil de aparcar, a pie. Sólo pensaba estar un rato para hacer el check pero me hubiera quedado todo el día allí contemplandolo y, si hubiera hecho un día soleado, no me habría sacado nadie de allí. Hay rutas en barco para visitar el islote, alquiler de bicis, lugares para tomar el sol, bares y restaurantes.

Como siempre os digo, intento hacerlo lo mejor posible con las fotos pero os aseguro que no hacen justicia a la belleza de este lugar.

Antes de que la tormenta se desatara, he podido hacer una ruta andando de unos 8 km y después, como recompensa, tomar un trozo de tarta de crema, que después he sabido que es típica de Eslovenia, con un café a pie del lago.

El ambiente alrededor del lago cuando he llegado era muy animado con gente tomando el sol, practicando algún deporte o bebiendo algo en alguna terraza. Ha cambiado de forma radical en cuanto ha empezado a llover y, gracias a que todo el mundo ha corrido a refugiarse de la lluvia, yo he podido disfrutar de un último paseo en paz a solas con mi lago. Las sensaciones han sido increíbles y ya están a buen recaudo en mi mochila, esas me las llevo.

Y seguimos camino para alcanzar a mediodía Liubliana, la capital de Eslovenia. Aquí la lluvia no me ha dado ni un respiro así que he disfrutado algo menos la ciudad por ello pero Liubliana es un lugar con mucho encanto atravesada por el río Liublianica que le da un aire señorial a una ciudad de edificios pastel y calles peatonales anchas en todo su casco histórico.

Mi ruta por la cuidad empieza en la plaza Presernov, muy bonita y particular gracias a la pincelada colorista que pone el tono rojo de la Iglesia de la Asunción.

Paseando por las calles de Liubliana he conseguido dar con el Barrio Mételkova. Este histórico barrio eran los barracones del ejército austrohúngaro y, posteriormente, del yugoslavo. El movimiento cultural para la paz, que nació en 1991, ocupó este lugar y con la colaboración de artistas han transformado el lugar en un área de interés, no sólo para turistas pues asociaciones LGTB, ONGs y artistas tienen allí su sede.

De vuelta hacia el centro he ido hasta el funicular, pasando por el Puente de los Dragones, que sube hasta el Castillo de Liubliana. Un funicular muy moderno de cristal permite contemplar las vistas mientras asciende.

La visita al castillo sorprende pues está decorado muy moderno por dentro siendo un edificio del siglo XII. Alberga exposiciones de fotografía y una sobre la historia de los dragones, que es uno de los símbolos de Liubliana (de hecho, por toda la ciudad se pueden encontrar tiendas en las que venden dragones de peluche, de madera o cerámica). Y las vistas desde la torre permiten observar toda la ciudad, aunque en mi opinión desmerece un poco con la lluvia.

Las últimas horas de la tarde las he apurado paseando por las calles del centro y dándome cuenta que se trata de una ciudad con un encanto increíble. Todas las calles derrochan encanto y alegría partes iguales, es una ciudad amable que me ha encantado pasear y que, si el cansancio y el tiempo me lo hubieran permitido, no me hartaría nunca de hacerlo.

También he tenido ocasión de probar las salchichas eslovenas, que me han sorprendido gratamente, y una sopa típica de aquí con verduras y pasta hecha de garbanzos, una mezcla peculiar que ha cumplido su propósito de templar me el cuerpo. Me he ganado un descanso y mañana seguimos en Eslovenia con más paisajes y más aventuras, también me temo que con más lluvia.

De nuevo no me equivocaba y la siguiente jornada en Eslovenia ha estado pasada por agua aunque la excursión ha merecido la pena. Empieza el día con la visita a las Cuevas de Postojna, tras la correspondiente cola para sacar las entradas (se pueden sacar por Internet, no hagáis como yo). La cueva que vamos a visitar es una de las más grandes del mundo, una galería de cuevas natural con 24 kilómetros de recorrido y unos 200 metros de profundidad que ponen de manifiesto la grandiosidad de la naturaleza que es capaz de crear, gracias a las filtraciones de la lluvia por el suelo, algo tan increíble. En el interior hay un tren que nos lleva hasta las profundidades de la cueva para empezar la visita por unas pasarelas que facilitan su exploración, aunque a ratos las pasarelas se encrespan y consiguen hacerme entrar en calor, algo de agradecer teniendo en cuenta que la temperatura dentro de la cueva baja unos 10 grados con respecto al exterior.

Me ha parecido increíble observar las formaciones de estalactitas, estalagmitas, columnas, cortinas y galerías. La visita dura aproximadamente hora y media que se ha pasado en un suspiro mientras me fascinaba con estas vistas.

La falta de luz dentro de la cueva no me ha permitido hacer muchas más fotos pero realmente creo que, en esta ocasión, es algo que difícilmente puedo trasladaros, hay que vivirlo!!

Y como amante de los animales no puedo dejar de hablar de que en la cueva habitan varias especies que fuera de ella no tienen lugar. Una de ellas es el símbolo de esta cueva de Postojna. Lo llaman human fish y, como resumen, os diré que se trata de un anfibio capaz de respirar fuera del agua, que parece una lombriz pero con dos patitas delanteras, color carne (de ahí su nombre), que no tiene ojos y puede sobrevivir hasta 12 años sin comer nada. Y si, es bastante feillo pero es una especie más que seguro hace su función en el ciclo de la vida y sin cuevas como ésta, este tipo de especies no podrían sobrevivir.

Por si hubieran sido pocas las aventuras en Eslovenia, aún me queda una más: el Castillo de Predjama, único en Europa construido en una cueva. Data del siglo XVI y tiene un enclave idílico que le garantizaba máxima seguridad.

Se pueden visitar todas las estancias, e incluso hacen una reconstrucción de la vida cotidiana de la época, y también el interior de la cueva. Las vistas desde dentro del castillo, como podéis imaginar, son una maravilla (y verdes hasta donde alcanza la vista).

Y estos fantásticos paisajes y la lluvia me han acompañado hasta que he abandonado Eslovenia, no sin tener que superar un mal rato de conducir bajo los rayos y una lluvia intensa, pues aún me quedaban muchos kilómetros para llegar a mi siguiente destino.

No he tenido mucho tiempo de saborearlo pero lo cierto es que me he maravillado con Eslovenia y sus paisajes. Volveré con más tiempo y si puede ser con mejor meteorología porque sin duda este país se ha ganado mi corazón.

Hasta la vista!

El encanto de Zagreb

Lo prometido es deuda y, como anunciaba hace unos días, hoy comienza una nueva aventura. Me voy de ruta por el área de los Balcanes y, como buen águila, volando sola.

Hoy mismo he aterrizado en Zagreb, la capital de Croacia, y aunque las previsiones del tiempo no eran muy halagüeñas, ha hecho un día de sol y calor de justicia.

Nada más aterrizar, recojo el coche que será mi fiel compañero en esta ruta y llego a la ciudad de Zagreb. Mi apartamento está muy cerca del centro así que me he puesto a andar sin rumbo hacia donde asomaban dos torres que parecían marcar el camino a la catedral. Estaba en lo cierto y a penas dos minutos después, la Catedral de Zagreb se presenta ante mis ojos. El edificio es una maravilla y la plaza en la que se encuentra, despejada y clara, hace que el lugar resulte encantador. El interior de la catedral es algo lúgubre pero, gracias a ello, el colorido de los ventanales del ábside resalta alegre entre la oscuridad.

Sigo camino buscando el Mercado Dolac, que cierra a mediodía, y a pocos pasos de la catedral me llaman la atención los toldos rojos llenando toda una plaza. Es un mercado fundamentalmente de comida así que no he comprado nada pero siempre me gusta mezclarme entre la gente del lugar y ver qué productos típicos ofrece el lugar donde estoy.

Tras un paseo entre los tenderetes, me marcho en busca de la Plaza Ban Josip Jelacic, que es la plaza principal del centro histórico de Zagreb. Josip Jelacic, a modo de curiosidad, fue un general del imperio austrohúngaro que ostentó varios títulos nobiliarios en Croacia y que consiguió abolir la esclavitud en el país, por lo que se le considera un héroe nacional.

Continúo caminando sin rumbo, con una pequeña parada para comprar una banasta de frambuesas que venden en plena calle, perdiendome por las calles de Zagreb e inicio una subida, con los 36 grados y la humedad, para llegar hasta la Iglesia de San Marcos, una belleza de edificio de gótico tardío cuya característica más reseñable es el tejado decorado con azulejos formando el escudo de Zagreb y del reino de Croacia.

En un intento de volver hacia la zona baja de la cuidad y sentarme en alguna terraza a beber algo fresco, llama mi atención una música y, cuando me acerco a descubrir de qué se trata, Zagreb me regala las vistas de la ciudad desde un mirador escondido. Siempre lo digo, la suerte del turista 🙂

Por si la vista fuera poco, en el mirador está la terraza Ljetno kino, donde te puedes sentar a tomar un refresco a la sombra mientras proyectan películas antiguas. Una pena no saber croata aunque aún así ha sido un rato muy agradable y un descanso del calor.

A escasos metros se encuentra la Torre Lotrscak, que servía en la Edad Media para proteger la zona alta de la ciudad.

Para subir hasta ella, si no queréis cuestas como las que he subido yo, podéis tomar el funicular. Yo lo he cogido de bajada, me apasionan los transportes peculiares y éste no me lo iba a perder. El trayecto a penas dura unos minutos y el billete son 50 kunas (unos 60 céntimos).

Sólo me queda un check por hoy y es el Túnel Gric, que debe su nombre al barrio en el que se encuentra. El túnel fue construido en la IIGM como almacén de armas y paso subterráneo del este al oeste de la ciudad. Volvió a coger relevancia durante la guerra de los Balcanes y a día de hoy es un reclamo turístico que incluso ofrece en ocasiones exposiciones sobre Zagreb. Me ha parecido increíble un lugar así en medio del encanto de esta ciudad y me ha sorprendido gratamente lo fresquito que se está dentro y que cuenta con baño y fuentes de agua potable en su interior.

Y termino la tarde tomando un café en una terraza en una de las calles del centro y es que, si hay algo que destacar de Zagreb además de todo lo que ya os he contado, son sus calles. Todas por las que he pasado hoy me han parecido especiales, con ese encanto añejo que desprenden las ciudades con solera. Os dejo algunas de mis vistas favoritas para que os deleites.

Mañana emprendemos camino a Eslovenia, no puedo prometer nada porque será mi primera vez pero intuyo que Bled y Liubliana serán dos lugares que me voy a llevar en la mochila, igual que Zagreb que ya se viene conmigo para siempre.

Viaje a la Alcarria. Pastrana.

Hoy os quiero llevar a un rincón especial para mí: Pastrana, un pequeño pueblo medieval en el sur de la provincia de Guadalajara, dentro de la comarca de La Alcarria.

Hoy empiezan mis vacaciones y, antes de la gran aventura que tengo preparada, he decidido aprovechar estos días en Madrid para hacer alguna escapada. He decidido volver a este encantador pueblo donde, tiempo atrás, solía pasar mis fines de semana y períodos de vacaciones y donde fui muy feliz mientras me enamoraba de este pequeño remanso de historia.

Una visita a Pastrana es una vuelta atrás en el tiempo, no solo en mis recuerdos, sino también porque es de esos lugares que te transporta a otro siglo, en concreto al siglo XVI. Un poquito de su historia y os cuento mi día.

Pastrana es famosa por la Princesa de Éboli, que heredó esta villa de sus abuelos. La princesa, Ana de Mendoza, nacida en Pastrana, tenía un gran amor a su pueblo y, cuando se desposó con tan sólo 12 años en un matrimonio concertado con Ruy Gómez de Silva, quien era secretario real, el rey les concedió el título de duques de Pastrana y príncipes de Éboli. Ana, en su afán por contentar a su padre que siempre quiso un varón, practicaba esgrima y esto le llevó a perder el ojo derecho, tapado siempre por un parche, algo que a partir de entonces la caracterizaría y le daría un carisma especial.

Fue una mujer inteligente, a la que incluso el todopoderoso Felipe II pedía consejo, y gustaba de hablar de política por lo que levantaba ampollas entre la nobleza castellana de la época. Su belleza y actitud altiva, propia de la única heredera de una casa de noble abolengo como eran los Mendoza, terminan de perfilar el retrato de una mujer envidiada y deseada.

Tras morir Ruy, con el que había tenido diez hijos, por una muerte repentina, mantuvo relaciones amorosas con Antonio Pérez, uno de los consejeros del rey, y éste la traicionó desvelando algunas intrigas de las que la princesa había sido partícipe, por lo que fue encarcelada en Pinto. Su estado de salud se vio muy afectado y dicen que su mala salud se debía a la pena por no poder estar en su querida Pastrana. Finalmente el rey decretó que el encarcelamiento fuera en Pastrana, en el Palacio Ducal, en su alcoba, e instaló unos barrotes de hierro en su ventana para que no pudiera escapar. Permaneció allí hasta su muerte, 13 años después, y su único contacto con el exterior era a través de ese balcón al que podía asomarse una hora al día.

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La Princesa de Éboli y duquesa de Pastrana, que además de lo ya mencionado era una mujer de profundas creencias religiosas y en especial devota de la obra de Santa Teresa de Jesús, consiguió que Pastrana alcanzara esplendor invirtiendo grandes sumas en la construcción de varios conventos y una impresionante colegiata.

Pues bien, mi día en Pastrana arranca subiendo por la minúscula carretera serpenteando a la Cima Matea, donde se encuentra el Mirador del Sagrado Corazón, para contemplar las vistas de la villa desde lo alto y respirar el aire puro de la Alcarria.

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En el mirador, además de estas vistas, se puede ver la Ermita del Sagrado Corazón de María, cuyo tamaño no obedece a la longitud de su nombre en absoluto.

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Continuamos visitando algunos de los conventos que, como os decía, se fundaron gracias a la intervención de la Princesa de Éboli. En concreto, he visitado el Convento de la Concepción Franciscana, comúnmente conocido como Convento del Carmen. Situado a las afueras de la localidad, junto al valle del río Arlés, el convento es a día de hoy una hospedería.

También he pasado por el Convento de San Francisco, situado en la plaza del Deán que alberga varios edificios emblemáticos de la villa, hoy convertido en restaurante donde podéis degustar las mejores migas de la zona (mucho mejor en invierno que en verano).

Y después de la visita a los conventos, me he metido de lleno en el centro del pueblo atravesando el arco que nos lleva hasta la Plaza de la Hora (ya intuiréis por qué se llama así después de haber leído la historia de la Princesa), corazón del pueblo donde se encuentra el Palacio Ducal que fue el hogar de la Princesa y que, a día de hoy, es propiedad de la Universidad de Alcalá para realizar allí eventos culturales.

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Después de maravillarme con la plaza, me he perdido por sus calles empedradas, algunas con unas cuestas de vértigo, para encontrar las típicas tiendas de pueblo y alguna que otra joya que ahora os enseño. No tiene desperdicio entrar a la farmacia del pueblo, puesta como una antigua botica. Tampoco os perdáis la pastelería y la chocolatería Princesa de Éboli (no se podían llamar de otra forma) y probar su delicioso pastel de piñones, entre otras maravillas.

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Y una de las joyas que nos podemos encontrar caminando por las callejuelas de Pastrana es la Fuente de los Cuatro Caños, que es sin duda uno de los elementos urbanos emblemáticos de la villa. Solo por citar un ejemplo, Camilo Jose Cela hace referencia a esta fuente en su Viaje a la Alcarria.

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Y por supuesto, si de joyas hablamos, no me puedo olvidar de la Colegiata de la Asunción, escondida entre las calles de Pastrana puesto que fue fundada en el siglo XIII y posteriormente ampliada y reformada por uno de los hijos de la Princesa. Alberga el museo parroquial, con una importante colección de tapices flamencos, que es el orgullo de los pastraneros.

He estado varias veces allí pero hoy ha sido una sensación especial puesto que, gentilezas del mes de agosto, estaba sola en la colegiata mientras la recorría. He rendido mis honores a la Princesa, enterrada en ella junto a su marido, y podemos dar por bien empleado el día.

Y en muy poquito empiezo una nueva aventura y de nuevo me convertiré en águila para levantar el vuelo, sola como ellas lo hacen. Tengo la ilusión a punto y las alas listas para volar, a pesar de haber perdido alguna pluma este curso, y voy a estar deseando contaros todas mis experiencias. Hasta pronto! 🙂

Su corazón se llenó de alegría al contemplarse paseando por Venecia…

Y nuestra historia en Venecia comienza en Ponte della Libertá para dejar nuestro coche de alquiler en un parking y después iniciar la aventura para alcanzar la zona de Rialto, cerca de donde está nuestro alojamiento.

Es mi segunda visita a la ciudad pero vuelvo a tener esa sensación de estar en un cuento y que cuando despierte esa cuidad sólo habrá sido un producto de mi imaginación. Cruzamos el Gran Canal en el vaporeto que nos llevará a Rialto y sigo maravillándome con lo hermosa que me parece, incluso de noche.

Atravesamos varias callejuelas hasta alcanzar el Convento de San Francesco della Vigna, que será nuestra residencia. Si, habéis leído bien, dormiremos en un convento rodeadas de frailes. Nos recibe el hermano Gabriel con su hábito y nos lleva por los pasillos en penumbra hasta alcanzar las dependencias que nos han habilitado. A pesar de la situación tan peculiar y del silencio sepulcral que nos rodea, el cansancio nos vence y conseguimos dormir de un tirón. A la mañana siguiente, los hermanos nos invitan a un frugal desayuno en su mesa. La experiencia ha sido increíble y la verdad que nos han tratado como reinas.

Emprendemos nuestro día en Venecia callejeando y dejándonos embelesar por la ciudad. Nuestra primera misión, como manda la tradición, es dar un paseo en góndola.

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El tradicional gondolero, con su camisa a rayas horizontales, nos cuenta cómo la marea cambia cada 12 horas haciendo que los canales estén con más o menos caudal en función de la hora del día. También nos cuenta que, en la ciudad, el ayuntamiento subvenciona y supervisa cualquier restauración que haya que hacer en el exterior de los edificios para asegurarse que se mantiene intacto el estilo de los mismos y así Venecia mantiene también su encanto.

El paseo es muy agradable (más que mi primera vez, ya que me monté con un grupo de adolescentes a ritmo de reggeaton) y los 20 minutos se hacen un pestañeo mientras observamos algunas de las vistas más bonitas de Venecia, tanto del Gran Canal como de los pequeños canales de los que está repleta. Nos hemos quedado con el gusanillo de seguir navegando así que decidimos coger un vaporeto para atravesar el Gran Canal, permitirnos contemplar de cerca Santa Maria de la Salute y alcanzar por agua la principal atracción de la ciudad: la Piazza de San Marco.

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Antes de adentrarnos en la plaza, es visita obligada el Puente de los Suspiros. Su nombre impregnado de romanticismo, obedece a una historia mucho más oscura. Fue llamado así por ser lo último que contemplaban los presos del Palacio Ducal camino a su ejecución. Aun así, cruzando el canal, próximo al Palacio Ducal y con la vista de la laguna de Venecia en toda su plenitud, el puente es una belleza. Seguimos nuestra visita con el Palazzo Ducale, un edificio gótico que ha servido desde residencia de los duques, hasta sede gubernamental pasando por prisión y que, a día de hoy, funciona como museo de obras pictóricas fundamentalmente de los siglos XV y XVI. Sus dos fachadas miran, por un lado, a la laguna de Venecia y, por el otro, a la Plaza de San Marcos.

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Tenemos cita previa (es más que recomendable hacerlo puesto que suele haber unas colas enormes y la entrada skip the line por internet tan solo cuesta 3 euros) para entrar a San Marcos, que posee el rango de catedral y basílica. De estilo bizantino, San Marcos presenta una diversidad de estilos y decorados que no es nada habitual en la época pero, durante un tiempo, una ley imponía como tributo a los mercaderes que hubieran hecho negocios provechosos en la ciudad, que hicieran un regalo para embellecer San Marcos. Destacan los cuatro caballos de San Marcos, que representan la fuerza estatal, así como los mosaicos de imágenes iconográficas que se mantienen intactos tanto en el interior como en el exterior de la basílica.

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Mi sensación es que es más impresionante por fuera que por dentro aunque merece la pena verla tanto por la sensación de recogimiento que consigue generar en nuestro ánimo como por sus techos, que me resultaron una maravilla. Por una contribución adicional, pudimos subir a las terrazas de San Marcos y contemplar sus alrededores desde un punto de vista algo diferente.

De bajada, y aunque estéis exhaustos por las escaleras y el calor, no es aconsejable sentarse en las terrazas a tomar un refresco puesto que se dice que son las más caras del mundo ya que, además del lugar de excepción y la bebida, se paga un fee por la música en directo que suele haber en ellas.

La Plaza de San Marcos es, desde mi punto de vista, una de las maravillas del mundo. Contemplar la plaza en toda su plenitud desde los arcos de la Ascensione es algo sublime e intenté, durante unos segundos, retenerla en mis ojos para que se quedase ahí guardada para siempre.

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Último paseo para encontrar La Fenice, la ópera de Venecia, y comprar alguna bisutería de cristal de Murano que, junto a montar en góndola y perderse por las callejuelas de Venecia, es de obligado cumplimiento en cualquier visita a la ciudad 🙂

No se puede pedir más de un fin de semana exprés con mi Italia y mis amigas, de esas que después de muchos altos y bajos, idas y venidas, distancias y cambios de vida, siguen estando ahí, nada menos que 17 años después. Gracias por todas las risas, por las canciones a voz en grito haciendo duetos imposibles, por las charlas y momentos, por las experiencias y las fotos cachondas de postureo… Y todo ello, por suerte, no sólo en este viaje. Si la corona está tan arriba es también gracias a vosotras, Kris y Esther, así que, ya era hora, rindo Venecia a vuestros pies en este mi pequeño rincón.

Y queremos siempre rosas… y Venecia, Verona y París

Comenzamos una nueva aventura, esta vez algo más corta, más cerca y con una compañía de excepción.

Aterrizamos en Milán, todo un revival de mi aventura en solitario, y, aunque no hemos tenido mucho tiempo de recorrerla en esta ocasión, siempre una ciudad nos descubre rincones nuevos. Esta vez Milano me ha enseñado su cuadrilátero de la moda, una manzana plagada de tiendas de las primeras firmas a nivel internacional que nos recuerdan la relevancia de esta ciudad en el mundo de la moda. Tras el obligado paseo por La Scala, las galerías y la Piazza del Duomo, que no deja de impresionarme aunque aún guarde en mi retina su visión, vamos a deleitarnos con la primera pasta y el primer proseco en este viaje.

La emoción de estar de nuevo en Italia nos embarga y aún no queremos terminar el día así que paramos en una terraza en Rho, donde dormimos esta primera noche, para tomar un Aperol. El lugar resulta encantador, una antigua iglesia que conserva los frescos originales del siglo XVI, y sus amables dueños nos ofrecen quedarnos a probar la nueva pasta caccio e pepe que están cocinando para incluir en el menú. La pasta es una delicia y tomarla en ese lugar a la 1 de la mañana acompañada de un margarita resulta toda una experiencia.

Madrugamos para aprovechar el día pues tenemos por delante un roadtrip rumbo a Verona para pasar el día y acabar durmiendo en Venecia.

Verona resulta una de esas ciudades que te enamoran a la primera toma de contacto, según atraviesas su muralla para entrar en la Piazza Bra. Muy manejable a pie, puesto que no es una ciudad grande y gran parte del centro es peatonal, nos ofrece algunas vistas de rincones mágicos.

Nuestra visita comienza con la Arena, un coliseo obviamente más discreto que el de Roma pero muy bien conservado. Imaginad la sensación de recorrer sus pasillos de piedra intactos o de encaramarnos a sus encrespados escalones para avistar la arena. Actualmente, en su interior tiene lugar el ciclo de ópera de verano de Verona, razón por la cual su interior estaba preparándose para la ocasión.

Callejeamos recorriendo la ciudad y en busca del rincón por el que es famoso esta ciudad: la casa de Giulietta. Se trata de un palacio medieval, hoy convertido en museo, donde la tradición popular sitúa la casa de la protagonista de Romeo y Julieta, de William Shakespeare. Por supuesto cumplimos con los deberes de besarnos en el balcón de Julieta y tocarle el seno derecho a la escultura del patio, aunque no tenemos claro si era para asegurarnos volver a Verona o para encontrar el amor verdadero…

Muy próxima a la casa de Julieta se encuentra la Piazza delle Erbe, la más céntrica de Verona y una maravilla a la vista aunque la aglomeración de puestos, terrazas y gente no la hacen justicia en las fotos que os puedo enseñar. Cerca de esta plaza se encuentra el antiguo mercado de abastos de la ciudad, que merece la pena visitar, así como rodear la plaza para echar un vistazo a sus balcones de flores, todos con un encanto especial.

Y por si no nos habíamos enamorado aún lo suficiente de esta cuidad, nos acercamos a contemplar la vista del Castel di San Pietro desde el río Adigio para culminar nuestra visita a Verona.

Seguimos camino hacia Venecia cuando la luz empieza a apagarse y alcanzamos el Ponte della Libertá (único acceso por coche a Venecia), a ritmo de Hombres G, ya bien entrada la noche.

La ciudad más visitada de Europa y, desde mi punto de vista, la más diferente que uno puede encontrar, se merece una entrada para ella sola así que… os invito a la próxima! 😉