El blog de Moana

Hola!

Soy Moana, le he robado un trocito de blog a mi mamá para contaros mi historia. Es una historia bonita porque tiene un final feliz pero no siempre fue así y quiero compartirla porque seguro que así podré ayudar a que otros perretes encuentren una mami que les quiera, como yo, y puedan ser muy felices.

Los comienzos son difíciles

Mi historia empieza ya hace mucho tiempo y ni siquiera recuerdo el principio, mis recuerdos empiezan cuando era una cachorra de 5 meses y de repente me encontré sola en un pipican abandonada, seguro que me había portado mal y había hecho alguna trastada, así que decidieron deshacerse de mí y dejarme allí solita. Jolines que miedo pasé, ya era junio y hacía calor pero yo sentía frío, al menos temblaba así que supongo que era de frío, y tenía mucho hambre pero sobre todo me sentía triste y estaba aterrada. Por suerte, alguien avisó a mis amigos de Hoope que vinieron a rescatarme y me dieron comida y un sitio donde dormir, tenía que dormir solita y eso me daba miedo, además alrededor había otros perros, algunos muy grandotes, que ladraban durante mucho rato y yo nerviosa perdida. Aún así estaba contenta porque los voluntarios de Hoope me daban paseos todos los días, me ponían comidita, limpiaban mi casita (con el tiempo aprendí que se llama “chenil”) y cuidaban de mí para que no enfermara. No tenía derecho a quejarme, otros perretes corren peor suerte que yo, pero yo quería más aunque no sabía muy bien qué era.

Un día vino una chica a interesarse por mí y me llevo a una casa con ella. Estaba tan contenta!!! Podía dormir calentito e iba a tener mimos a todas horas, salir a pasear mucho tiempo, jugar con otros perretes… Sería genial!! Pero no sé lo que pasó, un día volvimos a Hoope y ella me dejó allí y ya no quiso volver a por mí, dijo que me estaba haciendo muy grande y que no podía quedarse conmigo así que volví al chenil muy triste. Soy una perrita muy enérgica y seguro que ella quería una compañera más tranquila que no le diera muchos problemas, lo entiendo, pero después de haber visto lo que era vivir en una casita, fue muy duro para mí volver al chenil. Eso sí, en Hoope me esperaban con los brazos abiertos y tenía mi turno de mimos y paseos, también empecé a salir al pipican pero como estaba muy nerviosa de estar todo el día sola en mi chenil a veces me portaba mal con otros perretes así que no podía jugar con todos, yo solo quería jugar pero me acercaba a ellos con mucho estrés y me ladraban así que yo les ladraba también y se liaba parda, no me entendían y yo me sentía frustrada y triste.

Mi mejor amigo

Un día mi suerte cambió y conocí a Nilo, mi mejor amigo en el mundo mundial. Llegó a Hoope ese verano pero estaba malito porque alguien malvado se había portado mal con él. Se recuperó casi del todo, salvo por sus orejas que se las cortaron de una manera terrible, al principio me pareció raro que no tuviera orejas pero ya me he acostumbrado y yo le veo muy guapo. Pues bien, empezamos a jugar juntos y rápido me di cuenta que Nilo, como yo, es un perrete con un montón de energía pero con un fondo que es todo bondad y además es muy divertido porque salta un montón y le gusta jugar a lo bruto como a mí, me lo pasaba genial con él.

Se sucedían los meses y nadie se interesaba por mí, mi aliciente eran los ratitos de paseo y de juego con Nilo, los mimos de los voluntarios y poco más. En el chenil hacía frío en invierno, estaba sola mucho rato, de noche estaba muy oscuro y además empezaba a pensar que ya nunca volvería a tener una casa ni una familia humana. Así pasó más de un año y yo ya empezaba a perder la esperanza, incluso me puse muy malita pensando que nunca encontraría a mi familia.

Un día vinieron unas personas y se llevaron a Nilo para siempre, yo no sabía qué pasaba pero ya no salía a jugar conmigo ni paseábamos juntos y me dí cuenta de que ya no le vería más, madre mía cuánto le iba a echar de menos!

Un hilo de esperanza

Un día de diciembre apareció una chica que por lo visto iba a ser mi madrina, me gustó desde el primer momento y me puse muy contenta de conocerla, sabía que ella iba a hacer que saliera más a menudo a pasear y me encantaba la idea. Venía a verme muchas veces y estábamos de paseo mucho tiempo, era muy divertido, y encima me traía chuches ricas! Me gustaba estar con ella porque me daba muchos mimos y me enseñaba cosas, como a no comer pañuelos por la calle o a sentarme y dar la patita.

De repente, un día me montó en un coche, a mí me dan miedo los coches y de los nervios se me afloja la tripa, pero tenía curiosidad por saber dónde me llevaba y ¿sabéis qué? Me llevó a un parque muy grande con un montón de césped, me revolqué todo el rato y me lo pasé tan bien que no quería que se acabara nunca. Después de eso fuimos con Sergio, el adiestrador de Hoope, a una casita que olía a ella por todas partes y me enseñaron a unos animales muy raros que no eran perros y olían extraño, al principio no sabía que hacer pero luego me cayeron bien, a pesar de que cuando intenté acercarme uno de ellos me pegó. Esa noche volví al chenil pero estaba contenta e intuía que, de alguna forma, mi suerte estaba cambiando.

Repetimos ese plan un montón de veces y, cada día, antes de ir a esa casita con los bichos raros y echarnos una buena siesta, íbamos de paseo largo y yo me lo pasaba como una enana. Estuvimos en un pipican grandísimo y lleno de perros, al principio estaba nerviosa pero todos esos perretes estaban contentos y me contagiaron su buen rollo, además querían ser mis amigos y jugar conmigo así que cambié los nervios por alegría y me puse a jugar con ellos. Otro día estuvimos en el campo y mi madrina me dejó ir suelta, se metió dentro de mí una sensación de libertad que me provocaba correr y saltar todo el rato, nunca había vivido eso y estaba muy feliz; además, había un río al lado y a mí me encanta el agua así que ni corta ni perezosa me metí de lleno en el río, no sabéis qué bien me lo pasé!!

Así se fueron sucediendo las semanas y yo estaba deseando que llegara el finde para que viniera mi madrina a sacarme de allí y hacer juntas otro plan divertido, me ponía loca de contenta cuando llegaba e intentaba portarme muy bien para que quisiera seguir viniendo a verme. Los domingos por la noche me quedaba triste de nuevo en mi chenil, ella también estaba triste y muchos días se iba llorando pero a mí me gustaba más pensar en todos los ratos buenos que habíamos pasado.

Y mi vida cambió…

El viernes 8 de marzo, una semana después de que se hubieran llevado a Nilo, apareció mi madrina por la tarde como tantas otras veces, pero esta vez yo la notaba inquieta. Entró en mi chenil y me quitó el arnés y el collar que había llevado durante año y medio, traía unos nuevos super bonitos de color rojo, yo notaba que algo raro pasaba así que empecé a ponerme muy nerviosa y rompí la bolsa donde lo trajo; pensé que me iba a reñir, pero en lugar de eso no paraba de reír. Salí del chenil tan contenta con mis nuevos complementos rojos y todo el mundo estaba allí esperándonos, estaba claro que algo pasaba, pero yo sabía que no podía ser malo así que me puse contentísima a saludar a todos. Crucé con mi madrina la puerta de la protectora y, aunque en ese momento no alcanzaba a entenderlo, lo hacía por última vez y daba los primeros pasitos hacia una nueva vida con la que en ese mismo instante dejó de ser mi madrina para convertirse en mi mamá.

Estuvimos toda la tarde en el parque, me lo pasé tan bien, pero una voz dentro de mí decía que, si lo que había intuido era cierto, tenía que ser una perrita buena y portarme muy bien para que mi mamá no quisiera deshacerse de mí. Y estando pensando en esto mientras corría por el parque, de repente me llegó un olor muy familiar y agudicé mis sentidos todo lo que fui capaz hasta darme cuenta que no estaba soñando, era Nilo!!!! Estaba allí, en el mismo parque que yo, e íbamos a poder jugar juntos otra vez. Este día es redondo!!! Además, le habían comprado los mismos complementos rojos que a mí y también estaba guapísimo.

Aquella noche fuimos a casita, me encanta esa casita porque tengo una camita para mí en el sofá y claro está muy blandito así que puedo dormir super a gusto, además se está muy calentito y todo huele a mami. Estaba muy excitada por todo lo que había pasado pero me acabó pasando factura y caí rendida, esa noche fue muy rara porque dormí mejor que nunca pero tuve muchas pesadillas y me despertaba todo el rato, me parecía raro despertarme y no oír perros ladrando alrededor ni tener frío. Ya de madrugada me desperté muy asustada por algo que había soñado y empecé a llorar, mami me consoló y me dejó subir con ella a la cama y ya no tuve miedo nunca más.

Solo han pasado un par de meses pero he aprendido muchas cosas y hoy por hoy soy una perrita muy feliz. Mi carácter ha cambiado mucho y ahora soy sociable con otros perretes e incluso les contagio de mi alegría y algunos que no son muy simpáticos acaban jugando conmigo. Pero os voy a contar despacito todas las cosas nuevas que estoy viviendo, he “perdido” dos años de mi vida y ahora me están pasando muchas cosas así que tengo que contarlas!!

Adaptación

La primera semana que pasamos juntas en casita, mi mamá se puso mala así que estaba todo el día en casa, venía el abuelo a sacarme a pasear pero no salía mucho aunque a mí me daba igual porque también me apetecía mucho estar en mi casita, con los bichos raros y poder acurrucarme con mami. Luego mami tuvo que volver al trabajo y yo tuve que aprender a quedarme sola en casa, al principio me asustaba mucho porque creía que no iba a volver pero mami siempre vuelve, a veces tarda mucho y es difícil porque la echo mucho de menos y me aburro, pero es mucho mejor que estar en el chenil porque mi casita es más cómoda y tengo un montón de juguetes para entretenerme, además mamá me deja chuches ricas escondidas por toda la casa para que yo las busque y algunas veces si me he portado muy bien me deja un hueso delicioso. Yo lo cuido como mi tesoro y si me canso de morderlo lo escondo para que nadie me lo pueda quitar, cuando llega mamá lo saco para que vea lo bien que lo he cuidado.

También he tenido que aprender a no hacer pis y caca en casa, en el chenil lo hacía cuando quería y no pasaba nada, pero si lo hago en casa mamá se enfada, ya he aprendido y casi nunca me lo hago en casita, soy una chica lista.

Un día mamá me llevó a un sitio increíble, lleno de cosas para comer y personas sentadas, una terraza creo que se llama. No podía contenerme de subir a las mesas y olfatear todas aquellas cosas tan ricas pero mamá se enfadó muchísimo conmigo y me ató lejos de ella, lo pasé tan mal allí lejos que aprendí que en las terrazas tengo que portarme bien y, si lo hago, mamá me premia con algo de comer. Ya estoy preparada para ir de terrazas!

Pero no creáis que acaba aquí, estoy teniendo que aprender muchas más cosas! Por ejemplo, cuando voy de paseo con mami y voy atada me pongo un poco protectora, me da ansiedad porque quiero ir a saludar a todos los perretes que veo y eso se transforma en que gruño al acercarme. Mamá dice que así no se saluda, que tengo que ser más simpática de primeras para que los perretes quieran ser mis amigos y me regaña siempre que lo hago mal. Total! que he aprendido a canalizar la energía y, cuando veo que me va a salir el saludo chungo, me giro y muerdo la correa, así me desahogo y luego puedo saludar bien.

Y también he aprendido a defender mi casita: mamá, mis gatitos, mis camitas, juguetes y todo lo que yo más quiero en el mundo está ahí así que, cuando entendí que esa iba a ser mi casa, aprendí a defenderla y si alguien se acerca a la puerta, me enfado de lo lindo y ladro mucho para que se asusten y se vayan corriendo.

Pero hay una cosa que creo que no voy a aprender nunca y es a no asustarme con esa máquina infernal que a veces mamá usa para limpiar llamada aspiradora. Ella no se da cuenta pero eso es muy peligroso, con ese ruido tan terrible que hace cómo no va a serlo! Mami es valiente y no le da miedo estar cerca pero a mí me tiemblan hasta los belfos e intento no alejarme mucho por si tengo que salvar a mamá pero me da tanto miedo que un día hasta me hice pis. Cuando por fin apaga ese cacharro yo ya vuelvo a estar contenta y voy corriendo a ver a mamá, menos mal que no le ha pasado nada!

Mis primeras veces (mamá lo llama “Moana y yo descubriendo el mundo”)

Además de todo lo que ya os he contado, hacemos excursiones de vez en cuando y he conocido unos sitios chulísimos con campo por todas partes y hasta agua para bañarme, con lo que a mí me gusta chapotear en el agua y luego sacudirme para secarme las gotitas! Mamá me ha llevado al río y allí me lo paso como una cachorrona, me pongo a correr como una loca, lo olfateo todo y me doy chapuzones, a ella no le importa e incluso creo que le gusta que lo haga porque no para de sonreír mientras yo me divierto. Eso si, luego me dice que huelo mal y me lleva al lavadero de perros para bañarme, al principio me da yuyu pero luego noto el agua calentita y mamá me sobetea mucho para que quede bien limpia, además de decirme que estoy muy guapa, así que en el fondo un poco si me gusta.

Otro día estuvimos en un parque muy bonito que se llama El Retiro, dimos un paseo muy largo y llegamos a un lago, yo me quise bañar pero mami no me dejó. De repente cuando miraba al agua lamentándome por no poder bañarme, vi unos animalitos muy extraños que vivían en el agua, se movían muy raro y además cuando les parecía salían volando. Tenía muchísima curiosidad por esos patos, que además mamá les dio de comer una de mis chuches, y no conseguí entender por qué ellos podían bañarse y yo no.

También estuvimos pasando el día en la sierra y encima fuimos con Nilo, fue un día tan estupendo que no tengo palabras. Estuvimos paseando por el campo, mientras Nilo y yo jugábamos a nuestra particular manera, luego vimos una especie de riachuelo y no nos pudimos resistir a bañarnos. Era un sitio precioso y todo olía tan bien que nos volvimos locos los dos y empezamos a correr y a saltar en el agua. También descubrimos a otros bichos raros que se llaman ovejas que hacían un ruido muy raro. Vinieron unos señores a regañar a mami por habernos soltado pero no pasó nada porque yo demostré lo buenos perros que somos revolcándome en sus pies.

Mami me ha presentado a todos sus amigos y un día fuimos con las chicas de picnic a la Casa de Campo, hacía un poco de calor pero aun así me gustó mucho ese sitio porque había mucho césped, un lago muy grande en el que había más patos raros y las chicas trajeron un montón de comida y me dieron cositas ricas. Estuvimos tan panchas tiradas en el suelo y hasta me eché una siesta a la sombra.

Otro día fuimos con Fran y Marcos al parque Tierno Galván, jolin que suerte porque no había gente y pude estar suelta olfateando todo y me bañé en un lago que hay, fue divertidísimo pero acabé tan cansada que no podía con las patas.

Y con ellos también, además de Ana que es otra amiga de mamá, fuimos un día a la garganta del hervidero en San Agustín de Guadalix. Fue un día increíble y me pasé todo el rato corriendo, escalando piedras, bañándome en los riachuelos y hasta me hice amiga de otro animal muy raro que se llama vaca.

Vamos habitualmente al parque Juan Carlos I, que es un sitio precioso donde además dejan a los perretes estar sueltos hasta las 10 de la mañana así que madrugamos y allí nos plantamos. Yo no desaprovecho el tiempo y en cuanto me bajo del coche saco la galga que llevo dentro y empiezo a correr como si no hubiera un mañana.

También he estado de compras con mamá, ella me lleva a comprar a la tienda de animales e imaginaos, allí todo huele a comida para mí, a chuches, hay muchos juguetes, camitas…Es un lugar de ensueño. Las vendedoras son muy simpáticas conmigo y siempre me dan chuches y me hacen algún mimo. Todas las veces que he ido me he enganchado a un juguete y al final se ha venido con nosotras a casa, así llegaron Mapachito, Ericín y Dino a mi vida, que son mis fieles compañeros mientras que mami no está. Yo les cazo como si fueran presas y ellos pitan, es muy divertido, y cuando me canso de jugar me duermo abrazada a ellos.

El cole

Pues como lo leéis, resulta que mami me ha apuntado al cole también y, algún día a la semana mientras que ella está trabajando me deja en la guarde. Voy con ella hasta Madrid en el coche y me deja allí, de momento estoy acostumbrándome porque allí estoy con un montón de perretes que no conozco y las profes son muy majas conmigo pero claro no está mamá ni ninguno de mis amigos y todos los olores son raros.

Por la tarde viene a buscarme y yo subo las escaleras para ir a verla loca de contenta y ya me relajo por saber que voy a volver a casita con ella. Intuyo que acabará gustándome porque el resto de perretes vienen muy contentos a clase, pero a mí por ahora me sigue poniendo nerviosa aunque le voy cogiendo el tranquillo. Hay un perro que no me deja en paz, todo el rato me persigue y yo intento zafarme de él pero es muy pesado, igual tengo que probar un día a jugar con él y a ver qué pasa.

Los días que voy a la guarde acabo muertita, y eso que allí también me echo mi siesta no os creáis, pero tengo tanta ilusión de volver a casita y poder estar en mi cama, que me entra mucho sueño y me quedo grogui.

Mis gatitos

Pues si, resulta que soy una perrita un poco peculiar y mi familia está compuesta también por gatos. Son unos bichos un poco raros que no salen a jugar, hacen sus cosas en casa en una caja y les gusta subirse por las alturas. Yo no les entiendo pero me gusta que estén en casa conmigo y me paso mucho rato observándoles, se mueven con mucha elegancia y juegan entre ellos a unos juegos que no consigo comprender. Vale, es verdad que al principio me costaba entender que tenía que compartir los mimos de mamá con ellos pero ya lo he aceptado y no pasa nada si mami está con ellos porque siempre tiene una caricia para mí.

Ya me he hecho amiga de Adam, que es el más salao, a veces jugamos porque el pobre no puede venir a la calle a jugar, yo le persigo por casa pero hay veces que soy un poco brutita con él y entonces él me chilla y me pega, yo me quedó loca pero no pasa nada porque los amigos tienen que decirse las cosas a la cara. A cambio, yo le dejo echarse en mi cama y hasta a veces dormimos juntos. Él es el único que puede acercarse a mi comida, incluso la compartimos.

Adam es un tío simpático y juguetón que, como es el único chico en casa, siempre está alerta para cuidar de todas nosotras. También es un poquito trasto, como yo, y a veces se sale de casa a cotillear y yo sé que es peligroso para él porque es muy pequeño así que cuando sale yo le voy a buscar y le obligo a entrar en casa de nuevo y, aunque protesta un poco, yo me siento orgullosa y miro a mami para que vea lo buena hermana mayor que soy.

Luego están Ally y Lola, que de momento me caen bien pero no somos amigas. A Ally le falta una patita así que anda raro, es muy curioso verla corretear por casa, me da ternura así que cuando Adam la agobia yo voy a defenderla.

Y Lola es la más tímida pero parla todo el rato sin parar, yo pongo mis orejotas bien arriba para intentar entender lo que dice pero no tengo ni la más remota idea de lo que está hablando.

Ellas huyen siempre de mí pero yo creo que acabarán entendiendo que soy una buena perrita y seremos amigas, al principio estaban todo el rato escondidas pero ahora ya hasta hemos dormido todos en la camita de mamá, juntos pero no revueltos. Al tiempo!

El océano

Mamá dice que mi nombre significa océano en maorí y me prometió que me enseñaría lo que es. Poco después de llevar dos meses juntas, nos levantamos muy pronto y ¡sorpresa! nos íbamos de vacaciones. Yo no entendía muy bien qué quería decir pero mami estaba muy contenta así que yo también. Y estábamos ahí en el parque antes de irnos a las vacaciones y apareció Nilo, resulta que nos íbamos juntos! No tenía ni idea de qué iba a ser eso, pero iba a estar genial! Fuimos en coche mucho rato aunque yo no me enteré mucho porque de repente me dio un sueño muy grande. Cuando quise espabilarme estábamos en una casita nueva que tenía un patio muy grande, qué divertido!

Un ratito después llegábamos a la playa y yo no me podía creer lo que veía, había un montón de agua y un montón de arena, las dos cosas con las que más me gusta jugar en el mundo. Por si eso fuera poco, había muchos perros correteando por allí. Mamá me soltó y me volví loca. Qué felicidad tan grande!

Me puse a correr como la loquita que soy, a jugar con Nilo y a mojarme las patas pero de repente me dí cuenta de que el agua se movía y que además olía y sabía muy raro y empezó a darme miedo. Mamá se metió en el agua y yo detrás de ella, Nilo y su mamá también venían así que me confié, pero el agua empezó a venir hacia mí y ya no podía apoyar las patas en el suelo, así que me empezó a dar muuuucho miedo. Mami se dio cuenta y me cogió en brazos, me tranquilicé un poco porque estaba con ella pero aun así temblaba y no podía parar de nadar aunque ya no estaba dentro del agua. Fue un poco susto, pero la verdad que el mar es tan bonito como mamá me había prometido y me gusta mucho mirarlo.

Fuimos más días a la playa y poco a poco me fui acostumbrando, veía que los otros perretes se metían y se lo pasaban estupendamente así que el último día ya hasta me bañé yo sola sin que viniera mamá conmigo, resulta que descubrí que puedo esquivar las olas si doy saltitos y en realidad me gusta bañarme porque así no hace tanto calor, total que le he cogido el truco a esto de la playa.

En la playa puedo estar suelta, mojarme las patas en la orilla, ir a oler a otros perretes, jugar con Nilo, cotillear por la zona de rocas… esto de las vacaciones me ha gustado!

Mi vida feliz

Mi nueva vida me gusta, por fin tengo una casita, una familia de gatos, a los abuelos que me quieren mucho, me dan mimos siempre que les veo y también me dan cositas de comer todo el rato y, por supuesto, tengo a mi mamá. Nos levantamos muy pronto por la mañana, damos un paseo largo de una hora que mami utiliza para desayunar, veo a mi amigo Duque y luego yo me quedo en casa cuidándola y vigilando a los gatos y ella se va a trabajar bastantes horas, pero me deja mi kong, todos los juguetes, mi comida, chuches por casa… y paso el día tranquila hasta que llega ella por la tarde, yo noto que llega y ya mi rabito es incontrolable de lo contenta que estoy. Me da un montón de besos y nos vamos a pasear y a jugar con mis amigos.

Luego volvemos a casa a cenar y nos acurrucamos un ratito en el sofá, es mi rato preferido del día porque mamá está relajada y yo ya tengo todas mis tareas hechas.

Eso si, cuando mami no trabaja el día siempre es una sorpresa, a veces nos quedamos más rato en casa, otras veces excursiones, o ir a ver a amigos, a los abuelos…y a mí me encanta estar donde sea, pero con ella. Todo el tiempo que estamos juntas yo la miro para asegurarme que está bien y cuando salimos juntas de paseo voy toda orgullosa presumiendo de mi mamá, yo no sé hablar pero si por un momento pudiera hacerlo lo utilizaría para decirle que la quiero y gritar al mundo que ella es mi mami.

Tengo una vida genial, pero aun tengo miedo de que un día este sueño termine así que siempre que estamos en la calle y mamá se aleja de mí me asusto mucho y no puedo estar pendiente de nada más que de ver que vuelve conmigo. En el fondo sé que no va a pasar porque mami me quiere mucho y creo que soy muy importante para ella, pero ella, ella lo es todo para mí.

Ella ha cambiado mi vida y ha conseguido que sea una perrita feliz, me dio la oportunidad que hasta ahora nadie me había dado. Ella sabe entenderme porque yo no soy mala pero tengo mucha energía y hay veces que no sé cómo controlarla, solo necesitaba alguien que me entendiera y me ayudara a gestionarla. Yo sé que también he cambiado su vida y ahora ella está siempre muy liada ocupándose de todo e intentando que yo esté bien, así que intento portarme muy bien, protegerla todo el tiempo y darle muchos mimos para que ella sienta que le compensa. En realidad, ¿sabéis qué? a veces no sé muy bien quién cuida de quién, supongo que algo así debe ser el amor.

Ojalá todos los perretes del mundo tengan una segunda oportunidad como la mía y encuentren una mamá o un papá que los quiera para siempre. Por eso, si estáis pensando en integrar a un peludo en vuestra vida, solo os pido dos favorcillos de nada: uno, que valoréis bien todas las implicaciones que tiene antes de cogerlo porque son muchas, y dos, que lo rescatéis de alguna protectora en lugar de comprarlo, la vida en un chenil es muy dura y los perretes rescatados somos los más agradecidos del mundo, vais a tener un compañero fiel todo el tiempo que resistan sus patas. Yo no voy a ser menos y desde mi blog hago la firme promesa de cuidar y querer a mamá hasta el último de mis días. Guau! Digo… Hasta otra, amigos! 🙂