Bangkok. La ciudad del caos

Me embarco en nueva aventura tras meses de muchos preparativos y mucha ilusión depositada en ella. Por primera vez, pues ya sabéis que no hay victoria sin riesgo, me voy a un país asiático y de cultura budista. ¿Destino? Tailandia.

Nuestra primera parada en el viaje es Bangkok. Aterrizamos tras 20 horas de viaje entre vuelos, escalas y esperas, además del jet lag por las 6 horas de diferencia horaria con España. Es ya de noche cuando llegamos por fin a dejar nuestras maletas en el hotel, salimos a dar una vuelta de toma de contacto con la ciudad y resulta bastante desalentador: el calor pegajoso, nuestro cansancio acumulado, que hemos elegido por desconocimiento un barrio de perversión para alojarnos y estamos hambrientas pero la street food de la que tanto nos han hablado es de todo menos apetecible…Un poco de descanso y emprendemos ruta al día siguiente dispuestas a encontrar a Bangkok ese lado encantador que seguro tiene.

No se hace mucho esperar ya que, nada más emprender ruta a la mañana siguiente, decidimos coger el transporte por excelencia en Tailandia: el tuc-tuc. Una experiencia inolvidable ese primer viaje en tuc-tuc y un rato de risas que tampoco podremos olvidar fácilmente.

Llegamos al complejo del Grand Palace y la vista es apabullante con la concentración de templos budistas que hay en esta zona. Dar una vuelta por este complejo es un deleite de dorados, cristales, decorados… que invitan a la espiritualidad incluso para personas tan poco espirituales como nosotras.

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Seguimos hacia el recinto próximo, hacia el Wat Pho, donde se encuentra el buda recostado más grande del mundo. Además, en Wat Pho también está la Escuela Tailandesa de Masaje y Medicina Tradicional, donde por supuesto hemos podido disfrutar de un masaje tailandés y, por si todo esto fuera poco, está rodeado de gatos 🙂

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Después de esto, hemos cogido un barco de colores típico en Bangkok que, botando sobre las olas del río Chao Phraya, nos ha llevado hasta el floating market. Es un lugar con un encanto increíble lleno de puestos, fundamentalmente de comida, muchos de ellos en barcas sobre el río. El paseo ha sido increíble y por fin hemos conseguido probar comida en la calle, que por cierto estaba deliciosa.

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Después de visitar el mercado, cogemos nuestro barco de vuelta que nos llevará hasta Wat Arun o el Templo del Amanecer. Es de los templos más espectaculares de Bangkok y está en la orilla contraria al Grand Palace. Al llegar nos ha recibido una lluvia casi torrencial que ha hecho nuestra visita más fresca.

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Justo al lado del Wat Arun, hay otro templo que hemos descubierto por pura casualidad. Está dedicado al estudio de los monjes budistas y ha sido la experiencia más increíble durante el día de hoy. En este área reina el silencio más absoluto, roto solo por el cantar de los pájaros, y los monjes se dedican a trasladar las enseñanzas budistas al resto de la población, con rituales que nos han dejado completamente absortas. Nos ha parecido increíble lo inclusiva y llana que es la religión budista, si la comparamos con otro tipo de religiones tan jerárquicas y clasistas como el Cristianismo. El rato en este templo es mi momento preferido de este día en Bangkok y uno de esos que me llevaré aunque pase el tiempo.

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Ya atardeciendo decidimos ir a cenar a Chinatown. Es una zona increíble, reflejo perfecto del caos que impera en toda la ciudad, llena de luces, puestos en la calle, tráfico y gentío, llevado a la máxima potencia debido a que están con las celebraciones correspondientes a nuevo año chino, para conmemorar esta vez el año del perro. Impresiona porque es muy diferente la cultura thai con respecto a la nuestra, pero seguimos creyendo que la street food no va a ser por lo que recordemos Bangkok y comemos algo para sobrevivir que nos permita terminar nuestra jornada con el estómago lleno.

 

Y con todas nuestras aventuras del día de hoy, nos retiramos a descansar y recuperar energías para seguir mañana. La impresión inicial de Bangkok se ha convertido en una especie de amistad con alguien peculiar que hay ratos que no aguantas pero que en realidad te crea curiosidad y, en cierta forma, te engancha.

Mañana seguimos aquí y os invito a seguir nuestras aventuras de cerca pero por hoy solo tengo que añadir “Kao kun, Bangkok”.

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