Milano.

Aterrizamos en Milán, un autobús me lleva hasta Milano Centrale, la estación de trenes de la ciudad de la moda. La sensación, al bajarme del autobús, es de una ciudad gris, sucia y algo caótica (tan habitual en las grandes urbes). En cambio, encontramos el contraste y lo que la convierte en especial en la piazza del Duomo y sus alrededores.

Me bajo del metro en Duomo y según subo los últimos peldaños de la escalera el edificio consigue atraer mis cinco sentidos (tanto que he tropezado!). Es sencillamente APABULLANTE. Plagado de turistas, sin cobertura de red móvil por seguridad, con un calor de 45 grados y un 80% de humedad, pero bello.

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A la izquierda de Il Duomo se encuentran las Gallerias, monumentos espectaculares dedicados a la moda pret a porter, las mejores marcas y los mejores mármoles se pueden encontrar en ellas. La terraza en la séptima planta de la Galleria La Rinascente ofrece unas vistas espectaculares desde otra perspectiva de Il Duomo. Las Gallerias hay que verlas, pero no son mi lugar en Milán, este olor a superficialidad no me queda bien.

Galleria Vittorio Emmanuelle II

Vamos en busca del barrio de Brera, conocido como la bohemia de lujo. De camino, me encuentro con mi pequeña espinita en este viaje ya que he podido ver su exterior y también su interior (aunque no fotografiarlo) pero no he podido escuchar una ópera en ella ya que no hay programa en agosto. Teatro alla Scala. Menos impresionante de lo que me imaginaba por fuera pero sobrecogedor por dentro. De camino a Brera, elijo pasear por Via Solferino y, suerte del turista, elijo la mejor calle posible sin saberlo. Plagada de perfumistas que dan aroma a toda la calle y ofreciendo su mejor cara en unos escaparates inspiradores y coloristas, que invitan a soñar.

perfumistas

Para el resto de la tarde el madrugón, el calor y el cansancio hacen mella y he hecho el recorrido en bici. Recorrido por Brera, la zona encantadora y relajada (aunque llena de mosquitos) del parque del Arco della Pace y un recorrido por el canal de Navigli, diseñado por Leonardo DaVinci para garantizar a la ciudad de un sistema de autoabastecimiento de agua pero que, con sus terrazas y bares alrededor, resulta muy bohemio.

La noche termina con el típico aperitivo milanés en Deseo, un lugar de moda en el que puedes tomar un buffet libre muy chic con un Aperol Spritz. Ideal para terminar una jornada en Milán. Cogemos fuerzas y seguimos!!

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