Pisa. Sognando verso la Torre.

Último vistazo al mar y comenzamos el camino a Pisa, con un poco de ayuda de un mozo improvisado para subir la pendiente de Riomaggiore y recuperar así mi coche. Viaje de hora y media con atasco incluido y, según estoy llegando a Pisa, comienza a diluviar. De nuevo mi maleta y yo atravesando peripecias 🙂

Me dispongo a pasear por Pisa para ver qué me depara la ciudad pero el paseo ha sido corto ya que no llevaba andando ni diez minutos cuando he visto la Torre. Es uno de los monumentos símbolo del turismo pero es mucho más que eso. La famosísima Torre di Pisa forma parte del complejo de la Piazza Miracoli, compuesto por la Catedral de Santa María Asunta, el Baptisterio, el Camposanto y el campanario, esto es, la Torre de Pisa. ¿Mi impresión? Más bonita de lo que me imaginaba, en general el complejo me ha sorprendido gratamente, pero también más pequeña.

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Catedral Santa María Asunta (Fachada)
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Catedral Santa María Asunta (Ábside)

Después de las típicas fotos sujetando la Torre, he paseado por la ciudad y lo cierto es que me parece un lugar con mucho encanto, de ese que tienen las ciudades decadentes que consiguen llegar al corazón, y con algunos rincones altamente recomendables. Me ha gustado especialmente la Piazza dei Cavalieri.

Por la tarde me he aventurado a entrar en cada uno de los edificios del complejo, subida a la Torre incluida. He empezado por el Baptisterio, con un interior de estilo pulcro, sin mucho ornamento, obediente a su utilidad; las vistas desde la planta alta del mismo son espectaculares.

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No he conseguido cita previa para subir a la Torre de Pisa hasta las 8 de la tarde pero allí estaba la primera en la fila para iniciar la subida, con la emoción contenida de cuándo te vas a subir a una atracción. ¡Allá vamos!

La subida de 251 escalones en una torre torcida es toda una experiencia porque, según intentaba subir, la Torre me empujaba contra el lado derecho continuamente. He llegado arriba sin aliento para descubrir el último regalo que Italia me tenía preparado en forma de atardecer, de nuevo no tengo palabras para describirlo.

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Y con Pisa termina mi aventura, con las energías cargadas, los bolsillos llenos de recuerdos bonitos y de cosas que he aprendido, tanto de observar a la gente, como de lo que me han ido contando acerca de los lugares que he visitado y, lo más importante, de mí misma. Grazie Italia por acogerme y tratarme tan bien, este viaje siempre será especial para mí. Y gracias a vosotros, que habéis seguido cada paso tanto en el blog como fuera de él, y habéis hecho imposible que me sintiera sola ni un minuto.

Es importante saber donde ir pero más importante es tener dónde regresar. ¡Volvemos a casa!

Cinque Terre. Oh sole mio!

Después de un día intenso por la Toscana y dos horas de carretera llego a la región de Liguria. Atravieso la marítima ciudad de La Spezia y me enfrento a la escarpada subida del monte que me separa de las Cinque Terre. De nuevo, una carretera de curvas de esas que tanto disfruto sólo que esta vez lo hago con la luz tenue del atardecer llegando a su fin. Llego a Riomaggiore ya de noche y dejo mi coche en la zona alta del pueblo, una terrible cuesta me espera con mi maleta a pulso. Por fin, el mar.

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Las Cinque Terre, o lo que es lo mismo, Riomaggiore, Manarola, Corniglia, Vernazza y Monterosso al Mare, son el conjunto de estos cinco pueblitos de belleza agreste que miran al mar. En 1997 el Parco Nazionale delle Cinque Terre fue declarado patrimonio de la humanidad. No es de extrañar por tanto que miles de turistas lleguen cada año hasta ellos aunque, en mi opinión, estaría bien limitarlo de alguna forma ya que la masificación turística hace que a ratos sea agobiante pasear por sus calles.

He recorrido cada uno de ellos y la verdad es que todos derrochan encanto aunque me quedo con las vistas de Manarola y Vernazza, además de Riomaggiore que en estos dos días ha sido mi casa. Los tres son de lo más pintoresco con sus casitas de colores y con unas vistas impresionantes al mar.

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Vernazza
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Riomaggiore
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Manarola
Riomaggiore
Riomaggiore
Manarola
Manarola

Eso si, lo que aquí llaman «playas» dejan mucho que desear, sirven para aliviar el calor con un chapuzón pero no son nada reseñables. Generalmente son de rocas en todos los pueblos salvo en Monterosso que si hay arena (no fina, pero arena al fin y al cabo) pero precisamente por ello suele estar muy concurrida.

Hay una antigua ruta que recorre el kilómetro y medio que separa los pueblos de Riomaggiore y Manarola, llamado Via dell´Amore, que me hubiera encantado hacer. Por desgracia, hace unos cinco años que tuvieron que cerrarla debido a desprendimientos habituales.

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Y como no podía ser de otra manera, la última mención de esta entrada es para él. El mar. Siempre es un placer verlo y escucharlo, con esa calma que transmite y que invita a dejarte llevar por los pensamientos. Desde un pueblito de pescadores donde se puede oler a pescado recién hecho en cada esquina, al resguardo del monte y rodeada de desfiladeros, contemplarlo es un deleite. Os dejo el último atardecer desde Cinque Terre y mañana continuamos camino a Pisa.

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Toscana. De Chianti a Rosso.

Esta vez vais a tener que confiar más en mis palabras de lo habitual ya que la ruta de hoy ha sido algo distinta a las de días anteriores y eso me ha imposibilitado hacer tantas fotos como me hubiera gustado. Aun así, para mí este viaje va de sensaciones y no podía dejar de compartir las que he sentido hoy.

Partimos de Florencia por la mañana después de recoger mi flamante coche en la oficina de alquiler. Con más miedo que vergüenza atravieso Florencia llena de turistas, motos, bicis y etcétera mientras me repito a mí misma que no es tan distinto de conducir en la jungla que a veces es Madrid. ¿Mi destino? Siena.

Esta vez es importante que me detenga en el camino. Una carretera de ensueño que recorre los viñedos dando paso a paisajes verdes que se mezclan con el color tierra. Por el camino, varios pueblecitos plagados de bodegas y a cada cual más pintoresco.

 

Llego a Siena en torno a la 1 de la tarde y saltándome todas las indicaciones (no por voluntad sino por despiste) me planto en el casco histórico de la ciudad. Creo que ya es tarde para evitar multas así que decido aprovechar el «peaje» que me van a cobrar y visitar la ciudad un poco más cómodamente. A pesar del calor, es una delicia pasear por Siena: una ciudad bella, con algunos edificios y fachadas que son auténticas joyas y haciendo vislumbrar la ciudad grande que un día fue. Mención especial, sin duda, para la Catedral de Siena (Duomo di Santa Maria Assunta), una maravilla  inmensa al más puro estilo románico-gótico florentino.

 

De vuelta al coche para llegar cuanto antes a San Gimigiano. Espectacular pueblo fortaleza situado en lo alto de una colina con la muralla intacta, torres elevadas desde las que vigilar ante posibles amenazas y unas calles empedradas que te transportan al medievo. La sensación que me producen este tipo de lugares es siempre la de querer recorrer cada uno de sus rincones pensando en descubrir alguna nueva vista que me deleite. Con San Gimigiano me ha ocurrido en cada esquina y en cada calle, convirtiéndose así en la gran sorpresa del viaje (por ahora).

 

Por si fuera poco su encanto natural, el pueblo está repleto de tiendas artesanales, tanto de comida como de costura, madera, piel y cerámica. He necesitado pasar dos veces por los mismos sitios ya que la primera estaba absorta con el pueblo pero estas encantadoras tiendas merecían también algo de nuestra atención. A modo de curiosidad, comentar que varias heladerías de San Gimigiano han logrado el premio al mejor helado del mundo, lástima que no he podido probarlos para contaros.

 

Me marcho de San Gimigiano camino a Cinque Terre, la ruta ha sido fantástica y he disfrutado muchísimo con las carreteras serpenteantes entre las montañas y los viñedos. Nos vamos al mar Mediterráneo, a seguir llenando la mochila.

Dedicado a los que me hacéis sugerencias para seguir mejorando, gracias!

Florencia sempre!

Ultimamos la estancia en Florencia con un día completo. Mi día comienza en Gallelria Ufizzi entre obras de arte, del Duocento en adelante. La colección es muy rica y me ha encantado verla, aunque he de destacar la admiración ante el Laoconte y una exposición que había sobre el trabajo de Leonardo da Vinci. El edificio es una belleza en forma de U y que linda con el río Arno, lo cual nos garantiza unas vistas espectaculares desde dentro. En mi opinión, habría que hacer dos visitas: una para ver las obras de arte que contiene y otra para apreciar la belleza del interior del edificio, del cual puedo destacar sus techos.

Tras la Galleria, continúo mi ruta para llegar a la Basilica della Santa Croce. Tanto la plaza en la que se encuentra como la propia basílica son idílicas y con un estilo puramente florentino. La Basilica della Santa Croce es uno de los lugares de culto más utilizados en Florencia para este fin, de hecho he tenido que esperar un rato para poder entrar porque estaban en horario de misa, y se ha consagrado como lugar de enterramiento ya que allí yacen algunos de los italianos más célebres: Dante, Miguel Ángel, Macquiavelo, Vasari… La anécdota es que he tenido que ponerme un «kimono» para cubrirme las piernas y así poder pasar, creo que eso ha hecho que mi visita fuera más corta de lo deseable.

He continuado mi viaje por la Florencia más oriental cruzando el río por el Ponte Grazie para dirigirme hacia Piazzale Michelangelo, donde había leído que se podían ver unas vistas de la ciudad entera. No ha sido tan buena idea hacerlo a las 3 de la tarde, el calor era insoportable y, como todo lugar con buenas vistas, éste también está en lo alto. La subida se me hacía imposible así que me he tomado un descanso para comer en una terraza por el camino. Aun así, la subida ha sido agotadora y es que ningún camino fácil lleva a algún sitio interesante. Ha merecido la pena.

Vista Florencia desde Piazzale Michelangelo

He pasado gran parte de la tarde mirando las vistas frente a un Aperol spritz y escribiendo lo que os estoy contando. Cuando la luz empezaba a atenuarse, he emprendido el descenso para llegar a ver atardecer en el río Arno y mi puente Vecchio por última vez en este viaje.

Mañana partimos de Florencia rumbo a la Toscana, tierra de viñedos y paisajes donde espero que me acompañéis también. No puedo despedirme de esta ciudad sin hablar de su gastronomía: la pasta mari e monti, la salsa de ragú, la mozzarella de búfala con el tomate italiano que tiene un sabor exquisito y por supuesto los gelatos y el Aperol.

Esta ciudad me ha conquistado y ha conseguido que recuerde por qué vine aquí. Me ha dado unos momentos imborrables, unas primeras veces inolvidables y lo que he vivido aquí perdurará en mi memoria. Me dejo la cúpula de Santa María de Fiore y el Palazzo Pitti para asegurar mi regreso.

Hasta siempre, Firenze!

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Florencia. L´amore.

Amanece mi primer día completo en Florencia y arrancamos la jornada en Santa Maria di Fiore, que hoy desmerece ligeramente por el calor abrasador y las colas interminables de turistas. Lo primero, pasar por la Puerta del Paraíso para ver el bellísimo baptisterio. En segundo lugar, para empezar el día con fuerza, subo los 300 escalones del Campanile di Giotto para contemplar la catedral desde cerca y así poder observar los detalles de su arquitectura y su decoración. La vista es impresionante.

Continuamos el día con la Galleria della Accademia. Entro en una sala con mi despiste habitual y una figura esbelta y colosal me impacta: el David, de Miguel Ángel. Podría estar horas observando cada detalle de la escultura y es que resulta increíble que el frío mármol pueda tener venas, vello, uñas…Me ha resultado curioso saber que el famoso David fue un bloque de mármol sobrante de la construcción del Palazzo Vecchio que Miguel Ángel reclamó para poder trabajar con él. A día de hoy, cientos de turistas, miles quizá, hacen cola bajo el Sol para verlo.

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De vuelta al hotel para un pequeño descanso, decido que es el momento de probar uno de los riquísimos gelatos artigianales italianos y elijo la Gelateria La Strega Nocciola, que ha resultado ser una gran elección. De aspecto tradicional y muy acogedor, tienen los mejores helados que he probado hasta el momento.

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Para despedir la tarde cuando empezaba a caer, me he acercado al Ponte della Trinitá a ver desde allí el atardecer y ha resultado ser un auténtico espectáculo. Cada minuto que pasaba, los colores del cielo iban cambiando y con ellos también Florencia, a ella todos le sientan bien 🙂

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Y llega la noche para dar paso a la música en directo y las luces elegantes e íntimas que adornan la ciudad. Cierro el día cenando frente al Palazzo Vecchio y dando un paseo sin ganas de volver a la habitación, comprobando que Florencia está también bonita de noche.

Experimento esa sensación de mariposas en el estómago y no poder parar de sonreír. Imparable. Me he enamorado de Florencia perdidamente y sin remisión.

Firenze. Primera toma de contacto.

Arranco la jornada con la ilusión intacta para emprender camino a Florencia. A medida que va pasando la mañana de tren en tren, con alguna equivocación que otra incluida, voy estando agotada. El viaje se me hace pesado y no ayudan la maleta de 20 kilos con la que tengo que cargar ni el calor en cada cambio de tren.

Por fin sobre las 4 de la tarde llego a Florencia y consigo dejar la maleta en mi «residenza». Dado que el viaje no ha sido muy motivador, decido tomarme la tarde libre para hacer lo que me apetezca, sin prisas. Y lo que me ha apetecido hacer son dos cosas:

  • La primera de ellas, tomarme un freddo capuccino en una terraza con una de las fantásticas vistas que ofrece esta ciudad. Finalmente he elegido una terraza frente al Palazzo Vecchio, un edificio espectacular  que ha servido tanto de organismo público como de palacio ducal y que a día de hoy alberga uno de los museos con los que cuenta Florencia.

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  • La segunda, dar un paseo sin rumbo, experimentando las sensaciones de la ciudad teniendo como única guía mis pies. Igual debería dejarles libertad más a menudo ya que ellos me han llevado a contemplar el atardecer desde el Ponte Vecchio. He recorrido sus alrededores y después me he sentado a mirar cómo caía el Sol entre el trasiego de turistas. De repente, un artista callejero ha conseguido convertir este atardecer en perfecto cuando ha empezado a tocar con su guitarra Let her go (Passenger) mientras la luz naranja iba escondiéndose entre los edificios. Ha sido un momento mágico.

Tras mis dos caprichos de la tarde, he vuelto hacia la Piazza Reppublica para cenar algo pero lo cierto es que el paseo ha sido más corto sabiendo a dónde quería ir así que he llegado demasiado pronto y me he dicho: ¿y por qué no seguir andando hacia el lado contrario a ver qué nos encontramos? A sólo diez minutos andando, he visto un cartel en el que indicaba que estaba próxima la Piazza del Duomo y en ella se encuentra Santa Maria di Fiore, la catedral de Florencia. Iba inmersa en mis pensamientos cuando he girado en una esquina hacia la derecha y me he encontrado con ella. Esta vez me resulta imposible describirlo con palabras.

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Es de las cosas más bonitas y grandiosas que he visto nunca. Podré olvidar los detalles de quién la construyó, a qué estilo pertenece e incluso su nombre pero la sensación de la primera vez que la he visto no se borrará jamás. Me hace feliz pensar que en los próximos días aún podré repetir la experiencia algunas veces más. Os dejo algunas imágenes desde otras perspectivas.

Para ser tan solo una primera toma de contacto, me doy por satisfecha. Descansar, recuperar fuerzas y mañana más.

Lago Como

A escasos 40 kilómetros de Milán, un lugar paradisíaco entre montañas en el que poder aplacar el calor asfixiante y húmedo de Milán. El Lago Como es un auténtico placer para los sentidos en el que he pasado un día relajado y muy diferente a la ruta turística de ayer.

Una parada por el camino a coger una piadina de mozarella y crudo para llegar a Como y poder disfrutar del día sin tener que preocuparme de dónde comer. A modo de curiosidad, un poquito de marujeo nunca viene mal, George Clooney tiene una casa allí aunque en un lugar completamente apartado para garantizar su privacidad (de hecho, sólo se puede llegar en barco). Y algo de cine, que tampoco está de más, allí se rodó la boda secreta de Anakin Skywalker y Padme Amidala (Star Wars Episodio II: El ataque de los clones).

A la llegada a Como, una vista impresionante me recibe.

El agua del lago, debido a su tamaño y profundidad, suele estar fría y por tanto los baños se hacen menos frecuentes de lo deseable. Por ello, en Como hay varios «clubs» con piscina para poder bañarte con vistas al lago. Son lugares realmente encantadores donde poder darte un baño, tomar un Aperol Spritz para reponer líquidos y disfrutar de esta magnífica vista.

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Terminamos el día cenando en Rho, un pueblo a las afueras de Milán, en el restaurante Visconti. He probado una parrillada de verduras con queso templado y una deliciosa pizza milanesa, como manda la tradición.

Me despido de Milán con esa sensación de no saber clasificarla: grises y claros, belleza y suciedad…pero agradecida del acogimiento de la gente (a pesar de que dicen que Lombardía es más fría que el resto de Italia) y de algunas de las imágenes que me llevo en la retina. Mañana cambiamos de destino y emprendemos viaje rumbo a Florencia, allí os espero!

Milano.

Aterrizamos en Milán, un autobús me lleva hasta Milano Centrale, la estación de trenes de la ciudad de la moda. La sensación, al bajarme del autobús, es de una ciudad gris, sucia y algo caótica (tan habitual en las grandes urbes). En cambio, encontramos el contraste y lo que la convierte en especial en la piazza del Duomo y sus alrededores.

Me bajo del metro en Duomo y según subo los últimos peldaños de la escalera el edificio consigue atraer mis cinco sentidos (tanto que he tropezado!). Es sencillamente APABULLANTE. Plagado de turistas, sin cobertura de red móvil por seguridad, con un calor de 45 grados y un 80% de humedad, pero bello.

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A la izquierda de Il Duomo se encuentran las Gallerias, monumentos espectaculares dedicados a la moda pret a porter, las mejores marcas y los mejores mármoles se pueden encontrar en ellas. La terraza en la séptima planta de la Galleria La Rinascente ofrece unas vistas espectaculares desde otra perspectiva de Il Duomo. Las Gallerias hay que verlas, pero no son mi lugar en Milán, este olor a superficialidad no me queda bien.

Galleria Vittorio Emmanuelle II

Vamos en busca del barrio de Brera, conocido como la bohemia de lujo. De camino, me encuentro con mi pequeña espinita en este viaje ya que he podido ver su exterior y también su interior (aunque no fotografiarlo) pero no he podido escuchar una ópera en ella ya que no hay programa en agosto. Teatro alla Scala. Menos impresionante de lo que me imaginaba por fuera pero sobrecogedor por dentro. De camino a Brera, elijo pasear por Via Solferino y, suerte del turista, elijo la mejor calle posible sin saberlo. Plagada de perfumistas que dan aroma a toda la calle y ofreciendo su mejor cara en unos escaparates inspiradores y coloristas, que invitan a soñar.

perfumistas

Para el resto de la tarde el madrugón, el calor y el cansancio hacen mella y he hecho el recorrido en bici. Recorrido por Brera, la zona encantadora y relajada (aunque llena de mosquitos) del parque del Arco della Pace y un recorrido por el canal de Navigli, diseñado por Leonardo DaVinci para garantizar a la ciudad de un sistema de autoabastecimiento de agua pero que, con sus terrazas y bares alrededor, resulta muy bohemio.

La noche termina con el típico aperitivo milanés en Deseo, un lugar de moda en el que puedes tomar un buffet libre muy chic con un Aperol Spritz. Ideal para terminar una jornada en Milán. Cogemos fuerzas y seguimos!!

De pausas y retos

Las pausas en la vida, como en la música, son necesarias. Ayudan a coger ímpetu y a volver con más fuerza. Lo mismo ocurre con los retos, especialmente aquellos que nos marcamos sin la intervención de nadie más salvo nosotros mismos, que nos ayudan a seguir dando forma a quiénes somos. Dejo en pausa mi vida para embarcarme en una aventura que espero sea una forma de amar aún más los viajes, pero esta vez desde una perspectiva distinta, sin distracciones y centrándome sólo en lo que realmente importa: disfrutar.

Hoy me vais a permitir un poco de inquietud, de esa que se siente para indicar que has tomado la decisión correcta, y también algo de melancolía, por alejarme de las personas que quiero. La maleta es grande y os llevo conmigo a todos, desde las sonrisas de mi ranita, pasando por los mimos de mis bichitos, los ratos con mis padres y las risas, charlas, momentos con los que siempre estáis ahí.

Sólo puedo avanzar que arrancamos un viaje precioso y diseñado con toda la ilusión por la Italia occidental. Mañana aterrizamos en Milán así que, sin más dilación, mañana estaré contándoos cómo continúa este viaje desde la ciudad de la moda, no en vano Milán es la cuna de diseñadoras como Miuccia Prada.
Avrete mie notizie!

#Misión desconexión #Gran Alacant

Verano
Gran Alacant 2017

No podía esperar hasta la gran aventura para escapar de la ciudad, la rutina e incluso de mis propios pensamientos. No hay un lugar mejor que el mar para hacerlo y en esta ocasión, como en años anteriores, he elegido Alicante, Santa Pola, Gran Alacant.

Un lugar muy turístico pero a la vez plagado de naturaleza salvaje, con dunas que desembocan en playas de arena fina y éstas que abren paso al mar Mediterráneo, de aguas cálidas y transparentes. Es muy fácil estar bañándote y ver bancadas enteras de peces rodeándote, si te has llevado el aperitivo a la playa incluso puedes probar a darles de comer, es una sensación increíble.

Gran Alacant
Azucenas del desierto. Playa de Carabassi

Para los amantes del nudismo, que queráis ir con perro, o simplemente los que queráis disfrutar de la playa de la forma más natural, os recomiendo la zona libre de la playa de Carabassi. Suele estar más tranquila y es aún más salvaje, con una zona de rocas de lo más encantador para unas fotos al atardecer. Allí podréis encontrar la preciada azucena del desierto, la simplicidad unida a la belleza hecha flor y que yo no he logrado ver en ningún otro sitio.

Gran Alacant
Playa Carabassi

No puedo hablar de Gran Alacant sin un par de recomendaciones gastronómicas. No dejéis de pasar por Tuttis, un restaurante fusión mediterráneo, para degustar alguno de sus platos y tomaros un Latino, si es posible a mi salud :-). Si tenéis ganas de daros un paseo, podéis acercaros a Santa Pola y probar uno de los riquísimos helados de Luis Baldo, hay infinidad de sabores de lo más curioso (helado de nubes, de Ferrero Rocher, de galletas María, de brownie…). Se convertirá en la escapada veraniega perfecta!

Gran Alacant
Tuttis. Latino.

Dedicado a mi gran a amigo Víctor.